¿Gigantografía de la discordia? - Opinión

¿Gigantografía de la discordia?

Autor:

José Luis López

El mes pasado visité el estadio Latinoamericano, donde se desarrollaron varios partidos entre equipos cubanos de béisbol que se preparaban para sus respectivos eventos internacionales.

Cercano a mi asiento se hallaba un grupo de acérrimos habaneros, de esos que nunca han compartido —y en cuestión de deporte más bien siempre han ironizado sobre— la popular frase de que «La Habana es la capital de todos los cubanos».

Para ellos, la nota discordante del día eran las bellas gigantografías que se ubican en las torres de alumbrado eléctrico del Coloso del Cerro, en las bien llamadas «gradas de sol».

Los hinchas locales se preguntaban por qué, de cuatro de esas imágenes, en solo una de ellas aparecía un pelotero de Industriales, según ellos, «el equipo de casa, máximo dueño de títulos nacionales, por lo que debe ser siempre respetado».

El grupo exponía que los jugadores reflejados en esas gigantografías «han sido de lo mejor que ha dado el pasatiempo nacional y se merecen el reconocimiento de todo el pueblo, pero donde ellos deben aparecer es en los terrenos cabecera de sus respectivas provincias».

Como se conoce, en las gradas del Latinoamericano se encuentran representaciones gráficas del estelar lanzador santiaguero Braudilio Vinent, del temido slugger Antonio Muñoz —conocido por todos como el Gigante del Escambray— y del antesalista pinareño Omar Linares, líder en promedio ofensivo en temporadas domésticas.

Entonces, ahora llega el gran arrebato de los fanáticos locales: «Fíjense ustedes qué problema, que solo es en la cuarta y última imagen donde aparece el torpedero azul Germán Mesa, por cierto, compartiendo el lugar con el sensacional segunda base santiaguero Antonio Pacheco».

Y en un dale al que no te dio, de esos que vienen y van en un debate de aquella magnitud, a uno de esos capitalinos «de pura cepa» se le ocurrió increpar: «¿Será que los directivos del béisbol que tomaron la decisión no son nacidos y criados en esta capital…?».

Ahí mismo tomé partido en la disputa para pedir respeto a las autoridades beisboleras, pues no creo que fueran ellos quienes definieran el establecimiento de esas imágenes. Tal vez dieron sus criterios, pero no los impusieron a rajatabla.

Sin embargo, a pesar de la «furia» con que la expusieron, comparto la opinión de los seguidores del equipo Industriales.

Es cierto que el Latinoamericano es el estadio donde se desarrollan los principales eventos beisboleros internacionales en Cuba. Allí van a la grama peloteros de diversos países, donde son conocidos jugadores de tanto brío como Vinent, Muñoz, Linares y Pacheco.

Entonces, me parece más saludable que ese sea el escenario propicio para exhibir las mencionadas gigantografías en la vetusta instalación de la barriada del Cerro. Pero no la Serie Nacional. Si en otros estadios del país se difunden las figuras de los mejores beisbolistas representativos de cada provincia, se torna infeliz la idea de que solo aparezca Germán como «luz azul», cuando existen otros ídolos capitalinos que también podrían ocupar esos puestos en las torres.

El Latinoamericano es la morada donde Industriales recibe a sus rivales. Cuando el cuadro azul funge como visitante, solo ve imágenes de jugadores del elenco anfitrión. La Habana no se merece devenir excepción por ser «la capital de todos los cubanos». ¿Qué opina usted?

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