Apagón salvador

Autor:

Nelson García Santos

Ensimismado en concebir una estampa sobre el onomástico de un amigo estaba totalmente al margen de la tormenta que se nos venía encima.

Volví a la realidad con un ¡cómo! en do mayor, cuando una llamada telefónica dio la alarma para que desconectaran Internet por estar tronando con el sol radiante.

Lógicamente hubo que proceder de esa manera para preservar las computadoras, una medida muy atinada, pues de inmediato llegó un vendaval de truenos y agua que se extendió hasta entrada la noche.

Cuando bajaba las escaleras del periódico Vanguardia, de mi Villa Clara, en busca de la calle, un colega, al advertir mi decepción porque no pude enviar la crónica a este diario, me aconsejó que la terminara al siguiente día.

«O a lo mejor cambio la crónica», le repliqué.

Pensé que sería interesante investigar si eran de consideración los daños en la provincia por la falta de aplicación del «autoapagón cibernético». Y, vaya sorpresa, en realidad resultan apreciables,  según confirmé con especialistas de ETECSA.

También supe que los más sensibles a este fenómeno atmosférico no son solo las computadoras, sino también otros equipos con componentes electrónicos como  teléfonos inalámbricos, televisores y DVD, por citar algunos ejemplos.

En nuestras condiciones, lo más seguro para evitar el daño radica en desconectar los equipos si hay una tormenta acompañada de truenos, una sencilla medida ausente en muchos lugares, como confirma el alto índice de roturas.

Entonces valió la pena desconectar la red de computadoras, aunque no pude enviar a tiempo la crónica sobre el semanario para su publicación el 9 de agosto, coincidiendo con su aniversario 49.

El periódico Vanguardia se ha hecho añejo en un continuo renuevo, en el empeño de satisfacer y reflejar los múltiples intereses que demandan sus más agudos críticos: los lectores.

Esos que lo buscan cada sábado, que acuden a la redacción para que le tramiten un reclamo o alertar sobre algunas manchas visibles. Los mismos que en tan especial ocasión acuden a la redacción a felicitar a sus periodistas o, en plena calle, los congratulan con una sonrisa.

Vanguardia, nombre que por sí solo constituye un reto para sus hacedores, tiene también en ellos a sus principales críticos, que cada lunes, en la reunión de calidad, analizan página por página la última edición para señalar sus defectos. Y, más allá de sus recintos, nadie puede imaginar cuánto se sufre un gazapo o una pifia mayor que se haya escapado en una tirada.

Sus páginas amarillentas atesoran parte de la historia de la antigua provincia de Las Villas y específicamente la de Villa Clara, después de la actual división político-administrativa.

Además del emblemático suplemento humorístico Melaíto, el semanario publica el mensuario Manantial, con el palpitar del Plan Turquino, y tiene la página web y sus foros de discusión, muy visitados por internautas cubanos.

Mientras tecleaba estos últimos párrafos, alguien anunció que el cielo se estaba nublando, pero yo ya estaba listo para dar clic en «enviar». Esta vez, no me iba a dejar sorprender por la tormenta.

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