Nada pica en el anzuelo - Opinión

Nada pica en el anzuelo

Autor:

Ricardo Ronquillo Bello

El alma se les enfría a estos pescadores cuando les falta el hielo, aunque parezca un absurdo. Y quien escucha sus historias no puede menos que pensar que el congelamiento llega más lejos. Allí donde deberían estar picando, ahora mismo, los mejores propósitos de la actualización económica nacional.

La suerte de esta última no se decide solo en los grandes proyectos, en la marcha de los objetivos y las obras macro sino, en realidad, en cada lugar del país donde deba generarse algún bienestar, y sin embargo, algunas veces brota, contra todo pronóstico, el malestar.

Resulta que dichos trabajadores, del municipio camagüeyano de Esmeralda —subordinados ahora empresarialmente al territorio de Florida— trabajan varios meses solo algunos días al mes. La causa de tal situación es la no llegada del hielo para preservar sus capturas. Cuando falta este, tienen prohibido tirar los anzuelos, bajo la pena de ser multados.

El que pareciera un «simple» y aislado incidente ayuda a entender análisis muy complejos, encadenados de manera directa al ansia transformadora y de reactivación del país. Más específicamente, a la imprescindible flexibilidad para atemperarse a las circunstancias que preside toda la política transformadora actual, y el necesario fortalecimiento de los poderes y la autonomía locales, en algunos espacios bastante lacerados.

Resulta que Esmeralda no solo dirigió a sus pescadores en una época, los cuales hacían capturas en sus presas hoy desatendidas en este aspecto. También tuvo su moderna fábrica de hielo levantada por la Revolución, en la actualidad perdida, que daba autonomía y fortaleza a la región.

Es preciso cambiar poco a poco esa percepción popular de que se fue disipando aquello que les daba prosperidad y orgullo, y alimentar la base reactiva de la actualización, para que la gente la apoye y la acompañe.

Pero ello no sería posible con un pensamiento y actuar burocratizados, como ha ocurrido, por ejemplo, en el caso de estos pescadores, más allá de los problemas objetivos, que en nuestra realidad nunca son despreciables.

La lógica indicaría que si la empresa es incapaz desde Florida de garantizar con sistematicidad el hielo, podrían comercializarse entonces sus capturas, bajo diversas formas, en los poblados cercanos y en la cabecera municipal.

En un abordaje simple puede afirmarse que la actualización se ocupa de aspectos importantes, lamentablemente pasados por alto en este caso: el primero, levantar el espíritu de trabajo en vez de adormecerlo; el segundo, irle restando problemas a la economía y agregándole aires y solvencia, con cualquiera de las formas socialistas que ello sea posible.

Lo incoherente es que por una decisión burocrática se deje de pescar buena parte de un mes porque falta el hielo, mientras en las aguas abunda el pescado y en las casillas y en las mesas escasea.

Al actuar de esa manera se le crean, en vez de eliminárseles, problemas al espíritu que reclama la economía local, desde donde pueden emerger no pocas soluciones. Un pescador contó que ellos son capaces hasta de agenciarse el hielo de diversas formas.

Es como si nos olvidáramos que pese a aspirar con entusiasmo a la modernización, venimos de una tradición marinera que incluye formas más artesanales y rústicas de captura y venta de peces, como las descritas de manera magistral por el escritor Enrique Serpa. Claro que sin regresar a la dramática historia del humilde pescador que defiende su derecho a vender unas aletas de escualo para el sustento familiar en el cuento Aletas de tiburón.

Lo importante es evitar que el alma se enfríe como ese esperado hielo, porque entonces quedaríamos como pesca’o en nevera.

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