Razones de sobra

Autor:

Marina Menéndez Quintero

A pocas horas de que la «libertad supervisada» en Estados Unidos haga a René González blanco de otra injusticia impidiéndole viajar a la Isla, uno de esos personajes a cuya presión se deben también las malas artes con que el sistema judicial norteamericano «trata» el caso de los Cinco —pasando, desde luego, por la venia de tres administraciones— vuelve a alzar la voz, ¡y sigue tergiversando los hechos!

Víctimas de un proceso políticamente manipulado en el que, entre otras arbitrariedades, se han ocultado pruebas, prescindido olímpicamente de otras, e interpretado libérrimamente los postulados de la justicia pasándole por encima, incluso, a la propia jurisprudencia, no hay dudas de que Gerardo, Antonio, Ramón, Fernando y René han recibido inmerecidas sentencias que son también, y sobre todo, el resultado de una manipulación mediática que escamotea la razón por la cual fueron a Estados Unidos, al tiempo que les sataniza.

Así se envenenó el ambiente previo al inicio del amañado proceso con el pago, como se ha denunciado, de decenas de miles de dólares a plumíferos de baja estofa para que sembraran el odio y la animadversión contra quienes han sido presentados, mentirosamente, como vulgares espías y hasta homicidas. Y por eso, pese a las sanas advertencias de que no era el lugar apropiado, el juicio se celebró en el Miami donde tienen su nido las víboras terroristas que ellos vigilaban.

Es precisamente de uno de esos ofidios de donde destila ahora el veneno que emponzoña cuando René, luego de haber cumplido los 13 años a que fuera condenado, se dispone a traspasar las rejas.

Si alguien tuviera dudas de los peligros que le acechan más allá de la prisión —como expone, entre otros motivos para que se le permita viajar a su país, la moción que le ha sido denegada—, solo tiene que atender a los aullidos de la ultraderechista congresista anticubana Ileana Ros-Lehtinen. Su tendenciosa y malintencionada algarabía debería resultar suficiente para entender que René debe venir.

Quizá lo menos importante sea, precisamente, lo que más indigna. Según reflejó el diario Miami Herald, la Ros calificó a nuestro compatriota de «villano» y consideró «muy preocupante» su salida de prisión. Fue una sugerencia leve.

Pero donde la jefa del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes no se midió fue en su claro intento de influir sobre las autoridades judiciales encargadas de pautar en detalle la manera en que René deba cumplir la también llamada «libertad condicional».

Como siempre, sin pudor —que en buen cubano quiere decir sin que se le pongan rojas las orejas, aunque ella no debe saber lo que es eso—, Ileana Ros no ocultó sus deseos de seguir castigando injustamente a nuestro compatriota cuando aseveró —casi ordenando—, que «su libertad supervisada» debe tener «reglas de control más estrictas», y que la administración de Barack Obama «tiene que tomar todas las precauciones» para «proteger la seguridad de los EE.UU. y al pueblo estadounidense» —de nuevo mintió— contra «este enemigo de nuestra nación».

He ahí un ejemplo no solo de la manera mendaz como actúan los terroristas y promotores que, como Ileana Ros, pueblan las calles de Florida, sino de la saña con que siguen vociferando por castigo para René y sus compañeros. ¿Hasta dónde?

Pero, y bueno: si tan segura está la Ros de que René González es un «peligro» para Estados Unidos… ¿por qué, entonces, no lo mandan acá, con los suyos, en vez de condenarlo a pasar otros tres años allá?

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