Andar Guadalajara

Autor:

Yurisander Guevara

GUADALAJARA.— Los «ojos» que mostrarán a América los acontecimientos de los XVI Juegos Panamericanos se encuentran ubicados en Expo Guadalajara, sede del centro de prensa internacional.

El recinto, un gran edificio con motivos arquitectónicos modernos, servirá también de sede para la lid de boxeo.

Sus anchos pasillos invitan a deleitarse con los coloridos carteles de los Juegos, pero aquí la calma no reina. A 48 horas del inicio, decenas de periodistas, fotógrafos, camarógrafos, comentaristas, voluntarios, directivos, entre otros, se mueven constantemente por las distintas salas dispuestas para el trabajo y, aunque todavía no han llegado todos, el sitio ya era un hervidero desde este martes. Por las esquinas los reporteros de TV construían sus historias, y la pluralidad de acentos variaba en cada metro que recorrimos.

Como parte de las iniciativas del comité organizador, a nuestros pies observamos una maqueta gigante de la ciudad. Así, los visitantes tienen una idea en «tres dimensiones» de las distancias que los separan de los lugares de competencias.

Motivados por ver cómo funciona la red panamericana de transporte para estos Juegos, partimos hacia el estadio Omnilife, sede de las ceremonias de apertura y clausura, así como de la justa de fútbol.

Ahí comenzó una larga «aventura». Tardamos casi tres horas en hacer el viaje de ida y vuelta a la Expo, tiempo precioso que en los Juegos no podremos desperdiciar. El carril panamericano, exclusivo para los vehículos del certamen, estaba ocupado por el denso tráfico de la urbe, y lo peor de todo es que para llegar hasta ese recinto se deben hacer varias conexiones. Esperamos que esta maquinaria se ajuste y sea más fluida una vez iniciadas las competencias.

Lo positivo del viaje fue observar esta moderna ciudad desde numerosos ángulos y por largo tiempo. Al acercarnos a la Villa Panamericana, un hermoso paisaje se abrió ante nosotros. Nombrada como Villa El Bosque, está enclavada en una zona dominada por cerros y pura vegetación.

Hacia el oeste de la Villa apareció entonces el estadio Omnilife (arriba, en la página). Considerado como el más moderno de Latinoamérica, el gigante verde parecía dormido, pero al pasar cerca sentimos repiqueteos y otros sonidos, señal de que en esos momentos se ensayaba para la fiesta de apertura.

En el camino de regreso una pertinaz llovizna pretendió aguar la tarde y la fría temperatura que reinaba desde la mañana se agudizó más. Sin embargo, esta ciudad ya solo respira deporte en cada arteria, y lo que empieza a primar es la ansiedad por el inicio de las competencias.

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