Panoramix y la poción mágica

Autor:

Abdul Nasser Thabet

Si tuviéramos que mencionar, entre todas las actividades sobre la faz de la Tierra, una que por excelencia ha puesto siempre al límite las capacidades humanas, coincidiríamos en señalar al deporte. Cada disciplina atlética exige más que sudor y entrega en pos de la victoria.

Pero la mayoría de los mortales tienen un tope bien definido, un listón que delimita lo real de lo maravilloso, una muralla que, en ocasiones, se derrumba con la ayuda de algún que otro estimulante capaz de despertar recónditas potencialidades y ayudarnos a lograr lo imposible.

Todos recordamos la famosa pócima del druida Panoramix, personaje del animado francés Astérix el galo. Este inusual chef elaboraba un brebaje mágico, una especie de caldosa europea que ofrecía fuerza descomunal y era utilizada para combatir a los romanos.

Quién sabe si tal vez de ahí provenga la idea de ingerir o inyectarse cuanta «pócima» aparezca, buscando multiplicar las cualidades físicas y ganar siempre.

Desde hace algunos años, el dopaje es tema medular en los debates del músculo a lo largo del orbe. Muchos deportistas han perdido sus medallas, marcas y prestigio después de dar positivo en controles antidopaje.

Miles de sustancias se fabrican para exprimir al máximo las capacidades del hombre; otras tantas aparecen para camuflar la trampa, y no pocas entran al juego para combatir el desparpajo que supone ganar a toda costa sin importar el cómo y al margen de ese ente intangible y a veces desconocido que llamamos ética.

Dentro del pergamino negro suscrito por la Agencia Mundial Antidopaje se aprecian muchos combinados harto comunes en tratamientos médicos convencionales. De hecho, la gran mayoría son utilizados para combatir patologías. Tal es el caso de las anfetaminas y la efedrina; claro, teniendo siempre en cuenta los niveles de concentración de dichos compuestos en el organismo.

Están prohibidos además los estimulantes, narcóticos, agentes anabólicos, diuréticos, hormonas peptídicas, miméticos y análogos.

En el candelero público se cocina la hipótesis de que muchas de las cotas universales fueron logradas bajo los efectos de algunas de estas sustancias, y que en su momento no se pudo demostrar su presencia.

Algunos también se preguntan hasta dónde llegaría el ser humano de anularse estas restricciones y concederse luz verde para competir bajo los efectos de cada «pócima mágica», cual si el dopaje fuera necesario para acrecentar el espectáculo y evitar, dicen, la decadencia del deporte.

Otra opinión es que, como mismo hoy algunos energéticos que estimulan el rendimiento son legales, otros prohibidos en la actualidad tendrán que ser «exonerados».

Como sea, este tema es bastante complicado, pero en mi opinión nada justifica la trampa, pues el deporte no solo es ganar y perder. Hay otros valores intrínsecos en cada carrera, cada remate, cada batazo.

Uno de ellos es precisamente la solidaridad, imprescindible en este mundo patas arriba. Más fácil resulta a los mercaderes poner la discusión en el terreno del espectáculo y las emociones —confundiendo de paso a determinados públicos y abriendo una vía expedita a ingresos incalculables— que sopesar cómo se puede ayudar a las naciones pobres a desarrollar mejor el músculo.

Los ejemplos de cuánto se puede lograr sobran. Algunos países que hasta hace unos años no contaban en ninguna estadística, muestran con orgullo algunos resultados amparados en la colaboración. Y más allá o más acá de los recursos que en ello pueda empeñarse, resulta significativo que esos hasta ayer olvidados confirmaran a todos que el mérito existe, pero hay que descubrirlo y alentarlo, posibilidad que muchas veces la historia del saqueo y la codicia de los poderosos les negó.

Esta manera de estimular la competitividad y la superación es limpia y legítima. ¿Para qué delirar con que Usain Bolt baje de los nueve segundos en el hectómetro si podemos aspirar a tener más y mejores velocistas? ¿Adónde podría llevarnos una idea de la gloria que secuestra la honestidad y termina virándose contra la condición de ídolo y ejemplo a seguir que asume cada atleta, especialmente ante jóvenes, adolescentes y niños?

Que los récords sigan llegando de manera limpia.

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