Travesía - Opinión

Travesía

Autor:

Osviel Castro Medel

Cuando las olas parecían quebrar el pequeño corcel blanco en medio del agua belicosa… ellos latían. No de miedos, no de dudas, sino de ansias.

Cuando el mareo comenzó a sacar la bilis, entre penumbras y lluvias, ellos siguieron la ruta sin acordarse del estómago zarandeado ni del cerebro en vértigo.

Cuando uno de los 82 cayó a la boca negra del mar… la búsqueda, el grito, el desespero, el llanto a medio hacer resultaron sentimentales pruebas de lealtad. Y el suceso fue lección del Líder, quien no desmayó hasta encontrar al náufrago, ese que en su aparición inspiró, cerca de tierra, un himno a voz rajada.

Cuando, después de siete días de suplicios, llegaron desde Tuxpan estrujados y estrechos, cargados y desfallecidos, la flojedad no se asomó en el alma ni hubo nimbos en los ojos.

Cuando el mangle diabólico, tendido a lo largo de dos kilómetros, pensó que podía cercenarles la emoción, ellos continuaron sin desvestirse de alegría. Cuando las cortaderas infernales, los pantanos engañosos y los ejércitos de jejenes y mosquitos creyeron que les ahogaban el entusiasmo, ellos prosiguieron la dura senda libertaria porque una tarea moral les robustecía, a cada suspiro del tiempo, la vida.

Cuando los aviones zumbaban cerca y las heridas o llagas empezaban a aparecer en los pies bisoños después de dos horas de agotador camino… ellos solo miraban la montaña, madre de futuras batallas, matriz de homéricas gestas.

Cuando la madrugada, cómplice, los vio venir con tanta fibra… se alteró para siempre su nervio enamorado allá por Los Cayuelos. Y desde entonces, cada año, dibuja la prodigiosa travesía de esos jinetes que cabalgaron hasta trenzarle a la nación una sonrisa y un destino.

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