Maestri: corazón valiente e imparcial

Autor:

José Luis López

En la esfera deportiva existe una figura que, pese a su vital función para el mejor desenvolvimiento del juego, (casi) siempre su destino es el más inconcebible anonimato. No hay dudas de que me refiero al árbitro.

Pero hay más. Insultos de toda índole sufre ese encargado de impartir justicia, cuyas decisiones nunca serán interpretadas unánimemente por el respetable. A saber, una cosa piensa el seguidor del atleta o equipo local y otra el hincha del visitante.

El pasado 4 de diciembre, nuestro movimiento deportivo celebró el onceno aniversario del Día del Árbitro, el cual conmemora anualmente los sucesos acontecidos durante similar fecha —pero del año 1957—, en el Gran Estadio del Cerro (hoy Latinoamericano), durante un partido de la Liga Profesional.

Ese día un grupo de estudiantes de la Universidad de La Habana, seguidores de las ideas de su líder José Antonio Echevarría, se lanzó al terreno para protestar contra los crímenes de la dictadura de Fulgencio Batista.

Allí, enfrentándose a los esbirros de la tiranía, descolló la figura del árbitro de home, Amado Maestri, cuya valiente actitud evitó una golpiza mayor a los educandos.

Varios testigos recuerdan cómo Maestri se interpuso a los matones uniformados, gritándoles a viva voz que él era la máxima autoridad en ese juego. E incluso, para hacer valer su mando con hechos y no solo con palabras, cuentan que pegó un potente derechazo al rostro de un esbirro. ¡Y no tengo datos de que Maestri hubiera sido boxeador!

Por demás, este reconocido árbitro dio el paso al frente en la creación de un certamen que reemplazara a la Liga Cubana de Béisbol Profesional, cuando se sentaban las bases para la erradicación del profesionalismo en el movimiento deportivo de la Isla.

Así, careta en mano y corazón protegido por el peto, salió a la cabeza del grupo de jueces que se desempeñó en el juego inaugural el 14 de enero de 1962, junto a los archiconocidos árbitros Rafael de la Paz, que se desempeñó en primera base; Francisco Fernández Cortón, en segunda, en tanto Enrique Rogés García se ubicó en la tercera almohadilla.

También «sonó» muchísimo en su tiempo la expulsión que le dictaminó Maestri al mismísimo presidente de la Liga Mexicana de Béisbol, cuando este se lanzó al terreno a protestar airadamente una decisión del árbitro cubano que se desempeñaba en ese torneo. Hechos como estos, demuestran su intransigencia y claro sentido del deber, pues nadie puede tomarse la justicia por sus manos, en detrimento de las decisiones del árbitro principal en un partido de béisbol o de cualquier otra modalidad deportiva.

Y aunque Maestri solo pudo impartir justicia durante la primera serie nacional de béisbol, su imparcialidad, serenidad, paciencia y firmeza a la hora de decretar strike o bola, out o quieto, lo convierten en ejemplo.

Por su elevado nivel profesional, los jueces cubanos se han granjeado el respeto no solo en el ámbito doméstico, sino también «allende los mares», pues abundan ejemplos de muchos que han sido elegidos como los mejores en sus respectivas disciplinas a nivel mundial.

Actualmente, bajo los preceptos creados por Amado Maestri, nuestros jueces se esmeran por ser cada día mejores en su trabajo. Y aunque en ocasiones se equivocan en sus fallos, siempre habrá que reprobar las rechiflas y ofensas malintencionadas del público. ¿Acaso alguna que otra vez no hemos errado? Creo que sí.

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