¿Cómo quedo yo?

Yoelvis L. Moreno FernándezYoelvis L. Moreno Fernándezdigital@juventudrebelde.cu
21 de Enero del 2012 21:03:26 CDT

«Yo no puedo ir. ¡Qué va! ¿A las cinco de la tarde? ¿A quién se le ocurre poner una reunión de padres a esa hora? Y el lunes: el día más complicado para mí».

La misma reacción, repetida casi todos los meses, incomoda y enoja a la niña de apenas diez años, pues ella sabe que el lunes, desde que llegue al aula, la profe le preguntará con insistencia por qué su mamá faltó otra vez.

Hace días la maestra fijó la fecha de la reunión, pero «nadie» se ha preocupado todavía por ir. A su papá no le alcanza el tiempo entre los mandados diarios y su nuevo puesto de trabajo, y a su mamá ya le falta el tiempo para llevar y recoger a su hermanita de la casa de la señora que la cuida, sentarse delante de una computadora casi todo el día y encargarse del «limpieteo», la batea y los calderos.

Por el otro lado, la maestra le machaca las ausencias de su mamá a las reuniones, como si ella fuera la culpable, o como si no deseara acabar con ese sentimiento de incómoda contrariedad que le provoca el que no logren hablarse de frente la familia y la escuela. Entonces, la niña se pregunta: ¿cómo quedo yo?

Si bien este no es un asunto inédito en materia periodística, los caminos para enrumbar posibles soluciones no descansan sobre el fácil bocadillo de decir y repetir que ambas partes deben llevarse bien, y ya. No basta con asumir la postura de uno de los lados para, desde ese frente, emprender la imposición y el interés por que se haga lo que uno quiere.

Ante el llevado y traído tema de las relaciones entre padres y maestros, valdría examinar, influidos por un ánimo conciliador, con qué fuerzas comunes cuentan para desempeñar sus respectivos roles. O lo que es igual, cuales intenciones modelan la actuación de cada uno de ellos en el espacio que les corresponde.

Habría que dilucidar así cómo se imbrica el principio socializador de la escuela, con el que se gesta y se proyecta en casa, donde generalmente los lazos consanguíneos y los afectos compartidos desde la cuna tienden puentes de comunicación más estrechos y duraderos que en una clase.

Desde luego, cuando en el escenario familiar se tensan los nexos y comienzan a operar ciertos descuidos, el aula recibe todo el peso de la inconstancia. En cambio, si las preocupaciones hogareñas demuestran un sistemático andar, concierne entonces a quienes enseñan revisar cada paso, sin ligerezas, más bien con el tacto que debe identificar al que conduce a un colectivo.

Sé que no es liviana tarea la del maestro el despeje de un asunto en el que, de alguna manera, nos involucramos más de uno, sobre todo si no se comprende a esa célula esencial que es la familia en su permanente diálogo con no pocas estructuras de nuestro entramado social, en el que la escuela es un espacio de convergencias imprescindibles para proyectar el futuro del país.

Puede ser un tema ya tratado, pero vale reiterar que el imperativo de entablar o transformar para bien el vínculo del aula y la casa lleva tiempo, meditación en alta voz y, como si fuera poco, hasta un pensamiento acendrado en las inspiraciones que subyacen en el ideal de hombre que se desea construir en la tierra en que uno vive.

Si recurrimos, por ejemplo, a la obra de Martí, de la que todos los cubanos debiéramos beber incesantemente, es estimable cómo las influencias de su humilde familia y el papel de su maestro Mendive incidieron en su sentido ético y en la decisión del adolescente de sumarse a la independencia de su Patria.

Aun cuando el tema ha tenido una importancia sostenida en todos los tiempos, el interés por alcanzar tan complicado maridaje no anda divorciado de los debates que en los últimos años han afianzado un rumbo claro de prácticas en la Cuba contemporánea.

Se trata de una cuestión que merece verse en toda su complejidad dialéctica, sopesando algunos de sus pros y sus contras a mediano y largo plazos, estimando qué me toca a mí y qué le toca al otro, qué se puede hacer entre los dos con visión recíproca, conscientes de que ambas partes no solo se complementan, sino que se necesitan.

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    1. 1

      toyo55 - 22 de Enero del 2012 6:01:44 CDT

      Fui maestro durante decadas y pienso que esto de que"la maestra le machaca las ausencias de su mamá a las reuniones"a un alumno, es poco etico,el estudiante no debe la culpa de la irresponsabilidad de sus padres..Que hacia yo?,como la mayoria de mis colegas en aquellos tiempos,visitabamos las casas de los estudiantes y le aseguro que la educacion estaba mucho mejor que ahora,si lo duda pregunte a los educadores que hoy tiene 60 o mas años de edad

    2. 2

      Alfredo Viamonte Marin - 22 de Enero del 2012 7:09:42 CDT

      Mi estimado Yoelvis, puede que sea un tema tratado, pero es actual. Por años muchos para no decir la mayoría han dejado a la escuela, lo más importante e insustituible: La Educación de sus Hijos. Ya lo he comentado en otras ocasiones, la escuela instruye, pero no educa. Educación es una obligación de la familia, la escuela apenas complementa. Siempre cuestioné el hecho de los hijos estar tanto tiempo separados de los padres (se veían apenas los finales de semana). Ya lo dijeron los clásicos, la familia es la célula fundamental de la sociedad y si el núcleo de la célula no es formado como debe ser, entonces nada después funcionara.

    3. 3

      josem - 23 de Enero del 2012 13:35:11 CDT

      El tema es actual y complejo. Estoy de acuerdo además en esto: el maestro no debe cuestionar al alumno por la no aistencia de los padres a las runiones, es totalmente una falta de ética humana y profesional. El maestro que así actúa no contribuye a la educación de los niños. Y de acuerdo además en que la escuela instruye básicamente, y colabora de paso con la educación, aunque hay maestros que colaboran con la mala educación. Ese es un ejemplo. Estuve en un lugar donde los profesores tenían un dia a la semana, digamos, "de guardia" hasta las 7 pm. Coemenzaban ese dia un poco más tarde. Pero los padres podían ir entonces a consultarlos sobre sus hijos, o asistir ante un requerimiento del maestro. No todas las madres están en la casa frente a una computadora o limpiando. Hay padres y madres médicos, y hacen guardia en los hospitales. Otros trabajan en un restaurante, en una funeraria, son operadoras telefónicas, militares, en fin, hay que tener opciones para todos los que a veces, justificadamente, no pueden asistir a las reuniones en la escuela.

    4. 4

      Mila - 23 de Enero del 2012 14:48:37 CDT

      Es muy humillante para un niño que el maestro siempre le esté señalando la inasistencia de los padres a las reuniones o las llegadas tardes en la mañana a la escuela.En mis años de estudiante, ví muchísimas veces parar a algunos alumnos en el matutino y humillarlos entregándoles una tortuga como "premio" por la tardanza.A cada cual hay que exigirle por la responsabilidad que tiene. La responsabilidad y cuidado que deben tener los padres hacia los hijos, esa, no se transfiere.

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