Fama o prestigio

Hugo RiusHugo Riusdigital@juventudrebelde.cu
21 de Enero del 2012 21:06:09 CDT

Situado ante el imperativo de discernir la preferencia entre la fama y el prestigio, no queda de otra que sopesar qué puede satisfacer más: si el brillo y las luces concentradas sobre uno, colocado en el centro de la visibilidad pública, o contar con el sólido resultado de un obrar ético, riguroso y disciplinado, sin aspavientos.

Por lo pronto la fama casi siempre se acompaña de un condicionante distintivo, y sobre todo esclarecedor, porque puede ser del tipo de «las bien ganadas» o de las «de triste recordación», en dependencia de los actos por los que merecieron alcanzar esa suerte de elusiva y mistificada cumbre que a tantas personas subyuga de modo superficial y a veces hasta irracional.

Hay famas incuestionables como, por ejemplo, las que se ganaron deportistas por sus rendimientos consistentes y marcas impuestas, pero que a la larga alcanzaron después de transcurrir por una senda de consagración y sacrificio durante duras e interminables jornadas de entrenamiento. O la de artistas que a fuerza de talento y sobresalientes aportes creativos dieron en el blanco de sus audiencias hasta el punto de que estas los mantuvieron entre sus preferencias.

Hay quienes se hicieron justamente famosos a causa de trascendentales descubrimientos científicos o invenciones, o porque salvaron vidas en hazañas heroicas y por otras muchas razones valederas, que la sociedad reverencia con toda justicia. Loados sean.

Pero también existe la fama efímera, a veces casual, que se disuelve como pompa de jabón, o se desploma como castillo de naipes, a diferencia del prestigio, que es equivalente a un edificio que con sólidos cimientos se va levantando ladrillo a ladrillo, y se torna indestructible, salvo por una insólita implosión, y en ese caso ya nunca más tendrá remedio. Tal vez la fama vaya y venga; el prestigio bien fundado, por el contrario, tiende a tornarse perdurable, deja huellas ejemplarizantes y genera autoridad legítima, verdaderamente respetable.

Por alcanzar cualquier fama, no pocos aberrados en este mundo han cometido hasta crímenes masivos y seriados, con tal de que los cintillos de los diarios y las pantallas audiovisuales los arropen, en sociedades donde se potencia ese encumbramiento mediático a cualquier precio, desde el momento en que allí se alienta la ilusión de falso estrellato, basado en estridencias sensacionalistas, escándalos y pillerías de toda laya recreados hasta el aburrimiento como si de un modelo a imitar se tratara.

También se fabrican famosos y famosas con fines políticos, cuando medios de gran alcance, en servidumbre del poder imperial, levantan figurillas de barro, carentes en lo absoluto de prestigio, en todo caso puros mercenarios, gracias a un continuo e intencionado reflector proyectado sobre sus cabezas, mientras satanizan y silencian las mejores causas, en una conjura distorsionadora de largo alcance.

Hay que mantenerse prevenido, seguir distinguiendo lo valedero de lo superfluo y banal, lo pasajero de lo portador de valores esenciales. Tal vez lo ideal sería que siempre la fama descansara en el prestigio.

envíe su comentario

  • Normas
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio
    1. 1

      toyo55 - 22 de Enero del 2012 5:29:35 CDT

      Muy interesante su articulo y primera vez que leo sobre ambos conceptos comprativamente,desgraciadamente la persecucion de la fama por muchos ha causado mucho daño a la humanidad,sobre todo si esos narcisistas se dedican a la politica y consiguen el poder.Haran cualquier cosa por tal de que se hable y escriba sobre ellos,sin embargo, los mejores lugares donde vivir,son aquellos de donde casi nunca aparecen en las noticias

      del autor

      en esta sección