28 °C Hace dos años, el 7 de febrero de 2010, escribí en estas páginas rebeldes sobre una moderna «cola loca informática» que estaba haciendo daño allende las aulas, los informes y hasta las bocas de ciertas personas.
Me refería al «copia y pega» que se había esparcido, como ciertas plantas espinosas, en el quehacer diario, después de la irrupción en nuestras existencias de las llamadas nuevas tecnologías.
Aclaré entonces que creía ridículo atacar las bendiciones de la computadora o de Internet, que ayudan a sacarnos de los aprietos impuestos por el agitado reloj de la vida.
Pero lo que no veía ni veo con buenos ojos es esa tendencia a copiarlo todo textualmente de un lugar y pegarlo en otro como si no doliera el plagio, como si no hubiera culpa mayúscula en adjudicarse las letras que escribieron otros.
Hoy, a casi 24 meses de aquel comentario (titulado Corta, pega y dale), percibo que el fenómeno —como la pelota bateada con fuerza entre dos jardineros—, pica y se extiende, aunque en este caso sin cerca que lo contenga.
Sobran ejemplos que demuestran su auge. Piden un trabajo extraclase sobre la importancia del cuello del avestruz o sobre los instintos pataleadores del cerdo ante la horca (digo, ante el cuchillo) y allá va el padre del alumno o el amigo de la madre a reproducirlo con sus puntos y comas de Internet, o de una «ponencia» anterior, o del trabajo de diploma Vínculo entre las aves y los mamíferos convertidos en chicharrón.
Incluso, ese pegamento informático, que amputa la creatividad, la originalidad y la independencia docente, ha llegado —lo he vivido— hasta algunos «trabajos finales» de determinados alumnos de las universidades, quienes vierten contenidos íntegros a sus «obras», sin emplear comillas o citar fuentes.
Es jugar al facilismo o al globo aerostático que nos hace subir a las nubes evitando el sudoroso ascenso por peldaños.
Sin embargo, como suscribí en 2010, tan peligrosa pegatina no está solo vinculada al docentismo. Porque la fiebre de cortar y pegar también ha echado troncos y hasta flores en ciertos informes de balance (no el de mecerse), resúmenes, asambleas, chequeos y contrachequeos.
De vez en cuando escuchamos cómo brotan de esos documentos las oraciones del año precedente, acaso con ligeros cambios en los porcentajes, las fechas y algún signo de puntuación. Y uno oye con sonrisa oculta, pero también con preocupación, las repeticiones «gerundiosas»: «superando con iniciativas las difíciles condiciones en que nos desenvolvimos», «logrando niveles de producción que nos sitúan en mejores condiciones…».
Incluso, en algunas evaluaciones periódicas de la vida vanguardista de jóvenes y adultos, puede encontrarse también la referida pegatina. Es como si la ruta de todos los evaluados fuera idéntica año tras año.
Pero quizá la arista más peligrosa de la moderna «cola loca» está ligada con una manera de decir que no fue extraída de ninguna computadora. Esa que consiste en soltar las mismas construcciones verbales en cualquier coyuntura, en ocasiones en fraternal emulación con Cantinflas.
He aquí pequeñas muestras: «El tema más preocupante era el tema del presupuesto que se ha ido resolviendo», «seguiremos trabajando en ese sentido sin perder un minuto», «hemos estado en presencia de un excelente balance, que nos hace sentir optimistas, y que ha tenido un informe crítico donde se recogen nuestras principales deficiencias».
Decía el comentario de 2010, el cual pudiera «copiarse» ahora, que «ya los oídos duelen y se lastima la conciencia», cuando el copia y pega se asoma a nuestro entorno vestido de fantasma.
Muy bueno su articulo y se agradece lo que hace por el idioma,espero que alguna vez trate el tema de los eufemismos,como ese de llamar "Disponible" a lo que todos conocemos como desempleo o "Usuario" a lo que debiera ser cliente...y un largo etc
Buena reflexión Osviel, no voy a plasmar aquí el mismo comentario que hice sobre tu artículo anterior, porque sería otra cola loca. Sólo quiero decir en esta ocasión, que ese proceder tiene un nombre, el triste monstruo de nuestras aulas: FRAUDE.
Excelente Osviel, siempre fui, soy y seré partidario de llamar a las cosas por su verdadero nombre. Toyo 100% contigo.
Me gradue en el año 1995 de Licenciado en Historia del Arte, cuando en la Facultad de Artes y Letras, creo, no existia ni una computadora. Se conocia por parte del profesorado y del alumnado, que cosa era 'el Google" pero casi nadie, o pocos, lo habiamos utilizado, y la calidad de nuestros Profesores era tal, que habia que andar con PIES DE PLOMO, para evitar un PLAGIO. No habia Libro sobre tema X que nuestras ROSARIO NOVOA, ADELAIDA DE JUAN, LUZ MERINO, YOLANDA WOOD, NARA ARAUJO, (por citar solo algunas de las mas "camajanas" no hubiese leido, asi que "coger un parrafo" o un texto y modificarlo no era jamon de 3.50 la libra xq no habia modo de hacerlo. NO LO HABIA. ERAN EMINENCIAS LO QUE TENIAMOS EN LA FACULTAD. Habia q leerse "el libro" sacar notas, elaborar tu propio juicio, redactarlo y apelar, rezar, etc y etc a q no tratara de "parecerse" a lo que habia dicho "FULANO" porque ahi mismo venia tu 2 y ya tu sabes. Pero hoy en dia, donde muchos profesores tambien "cortaron y pegaron" donde "hay que graduar" donde el "no estoy pa eso" son lemas de "trabajo" la gente, copia, pega, corta y lo que sea, obteniendo 5 que es lo que les interesa, aunque despues el dia de la verdad, esten mas perdidos en el tema que una pulga en un perrom plastico.
sobre todo revise las efemérides de las paginas cubanas de periodicos y emisoras de radio, tienen los mismos textos, incluso con los mismos errores
Muy necesario tu artículo Osviel. El asunto de no citar las fuentes extraidas de internet en trabajos académicos; ó de otra índole, es uno de los peores lastres de nuestro sistema académico. Eso resta seriedad y prestigio a nuestros investigadores. En realidad el asunto se ha convertido en un problema mundial. En algún momento tendremos que emprenderla seriamente con estos asuntos en la isla. En algunos países se han desarrollado softwares para detectar posibles plagios. Quizás sea una buena idea para Cuba.
Todo comenzó hace mucho tiempo, los estudiantes no hacen mas que usar un herramienta tecnológica actual, para continuar con un copia y pega que ya existía mentalmente, y que les ha estado llegando durante años en las clases de historia, por ejemplo, donde la historia de cuba son un grupo de frases hechas ordenadas cronológicamente, al extremo que si en un examen un alumno no pone la frase con las palabras exactas, aunque diga lo mismo, no obtienen la máxima calificación, esa es una forma muy antigua de copiar y pegar solo que de una mente a otra.
La historia narrada del encuentro del padre Juan Ángel Simón con su hijo William debe haber sido algo trancendental en la vida de los dos, les deseo muchas felicidades en el nuevo nacimiento de william que ahora despúes de 41 años de vida solo tiene unos dias para su padre, muchas frelicidades a los dos.
Estoy de acuerdo contigo Javier. Tuve la suerte de tener excelentes maestros de historia; y la mala suerte de tener algunos horrendos también, como los de la frase exacta. Esa es otra forma de fraude bastante perjudicial. Pero para combatir esa necesitamos más que softwares.
Muy de acuerdo con el amigo Osviel, he podido apreciar la esparción del fenómeno y en más de una ocasión me confieso parte de él, pues me he visto obligada bajo la presión de varias tareas en una misma línea de tiempo a recurrir al "corta y pega" al cual hace referencia para poder dar cumplimiento a mis deberes en el tiempo requerido. Ahora, yo pregunto, ¿no sería prudente hacer un análisis más profundo de este tema, ya no denunciando la apreciación del fenómeno, sino más bien exponiendo las causas que dieron origen al mismo en nuestra sociedad? Me gustaría poder disfrutar de una "segunda parte" de este material donde, de manera menos crítica y más analítica se aborde cómo y por qué surge este fenómeno en la sociedad de manera general, abarcando desde estudianes hasta profesionales. En mi opinión muy personal no creo que se trate de facilismo, como exponía el compañero Osviel, más bien lo veo como el resultado de la falta de fuentes de información o la carencia de acceso a las mismas, pero estimo que un artículo de esta naturaleza tendría igual o mayor impacto que su precedente, publicado el 7 de febrero de 2010. Saludos cordiales, el proble.com
BRAVO por el idioma e internet el que la tenga, aunque debemos aprender a pensar tambien para ser nosotros mismos y no pasar por una copia...