Extraña seña en las tarimas

Autor:

Ricardo Ronquillo Bello

Como el César a la entrada del Senado romano, los cubanos reciben extrañas señales de su agricultura en la portada de un nuevo año. No son nada halagüeños los «idus» de este enero para el sector.

Que el pasado 2011 el consumidor haya tenido menos opciones en el mercado e incrementos de precios que asustan, de más del 20 por ciento, es una noticia muy contradictoria tras varios años de que la agricultura se situara como asunto de seguridad nacional y de iniciarse otra importante transformación estructural agraria.

No ha ocurrido hasta ahora un despegue en propiedad de este sector, esencial para la reactivación económica nacional, pese a todas las decisiones adoptadas en los últimos tiempos.

En nuestras mesas se acumulan, todavía al parecer, más interrogantes que alimentos, aun cuando avanzamos hacia la profundidad de la actualización en la agricultura. No acaba de tener el filo suficiente, a juzgar por los resultados, la espada alejandrina que desate no ya el nudo, sino la multiplicidad de trabazones.

Recordemos que diversas medidas debieron derivar en mejores dividendos: significativas cantidades de terrenos tradicionalmente dedicados a la caña están ocupados ahora en cultivos varios, entrega de miles de hectáreas a usufructuarios, anillos productivos alrededor de las ciudades, incrementos de precios a los productores, cambios en la contratación, nuevas fórmulas experimentales de comercialización… por mencionar algunas de las más significativas.

A todas luces nada de lo anterior parece completar el acelerón que saque a la rama del atasque en que se encuentra. Y no puede desconocerse que para los bolsillos y la existencia del ciudadano común esa calma está resultando costosa.

Algunas autoridades, con quienes intenté encontrar respuesta a este dilema en un recorrido reciente, dan la razón a quienes afirman que ha faltado mayor integralidad y coherencia en el abordaje de la recuperación agrícola.

Por mencionar un solo aspecto, hay quienes sostienen que a todas las medidas ya mencionadas debe agregarse una recapitalización y oxigenación de los grandes emporios estatales agrícolas, como Horquita, en Cienfuegos, entre otros, pues el resto de las formas productivas no podrán por su cuenta dibujarnos la mesa mejor abastecida.

Si se revisa la participación porcentual del tipo de productor en el mercado entre enero y diciembre de 2011, según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas, habría que darle alguna razón a esa hipótesis.

En ese período las formas estatales garantizaron el 65,7 por ciento de los abastecimientos, seguidas por los privados con un 32. El resto tiene una presencia prácticamente irrisoria, lo cual habla también de las potencialidades dormidas.

Para no ir más lejos, de las polémicas unidades básicas de producción cooperativa (UBPC) solo recibieron los mercados el 1,9 por ciento de los productos que comercializaron, según las cifras de la citada Oficina.

En uno de los últimos encuentros del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros se presentó un diagnóstico sobre la situación actual y las perspectivas de esas entidades que, además de incluir su posible paso a otros modelos de gestión cuando se haga insostenible la ineficiencia, apostó también a su solidificación.

El análisis presentado ante  el Gobierno demostró que las UBPC  fueron conceptualmente bien concebidas jurídica y económicamente, pero prevalecieron prácticas no contempladas en dichas normas que las maniataron.

Ahora debe esperarse a que las medidas adoptadas por el Ejecutivo para eliminar esas ataduras terminen con los saldos de improductividad e ineficiencia de esas estructuras, algo que, como ya sostuve en otra oportunidad, debería buscarse además en las cooperativas de producción agropecuaria, en las que también persisten deformaciones señaladas por diversos estudiosos.

Ello no debe demorar tampoco si se estudian a fondo los datos de la Oficina Nacional de Estadísticas, según los cuales, el pasado año solo arribaron al mercado desde esas cooperativas el 0,4 por ciento de los productos vendidos.

Por todo lo anterior, es plausible el anuncio del Consejo de Ministros de que continuarán los estudios para asegurar que todas las formas agropecuarias estén en igualdad de condiciones para producir.

Recordemos que para ese consumidor que ha visto deprimirse su poder adquisitivo durante años, hay inusitados y más poderosos competidores por los productos  en los mercados. A los ya abundantes carretilleros, se agregan ahora las nuevas formas del trabajo por cuenta propia que adquieren productos del agro, y la apertura para la venta por contrato a las instalaciones turísticas que deberían espolear la producción, sin embargo, hoy solo han disparado, esencialmente, la demanda y los precios.

Todo ello hace más perentorio acabar de sembrar en nuestros campos la semilla de la prosperidad, sin la cual sería imposible la de todo el país. Para que otros «idus» nos alienten los próximos eneros.

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