En la pasión de todos los tiempos

Autor:

Yoelvis Lázaro Moreno Fernández

Con la esencia viva del periódico Patria y de aquel Partido Revolucionario Cubano que él mismo fundara, hace casi 120 años, «para juntar y amar, y para vivir en la pasión de la verdad», y construir una República Nueva, «con todos y para el bien de todos», José Martí siempre nos trae más de una grata coincidencia.

En esa suerte ha andado la Patria por estos días, con la corazonada promisoria de su mayor vanguardia, haciéndonos saber que la herencia del bien ha de forjarse en la continuidad de cada día, con la inspiración, el verso y el desvelo de un Martí fraterno que aún nos corona.

No fue casual que en un enero de miradas futuras, a 159 años del natalicio del más universal de los cubanos, esta nación que lleva al Apóstol en sus raíces más profundas haya fijado en sus relojes un tiempo crucial. No fue casual que con la fresca evocación de aquel alumbramiento, otra vez Cuba se haya iluminado, proyectando su verdad más allá de las distancias y las urgencias que van marcando los vaticinios contemporáneos.

Cuando muchos nos levantamos en esta nueva época con el martiano estímulo de aquella organización que sentó el claro rumbo de la guerra necesaria para lograr la independencia de la Isla, con el esfuerzo de todos los hombres de buena voluntad, a nosotros volvieron, como antorchas en plena marcha, las ubicuas ideas del Maestro.

Y es que el Partido de hoy, fruto de una obra con espíritu joven, que en su liderazgo mayor encarnó con energía al Apóstol para no dejarlo morir en el año de su centenario, quiso honrarse y honrarnos a todos, y lo hizo irradiado por el sano afán de mirarse por dentro, con el sentido examinador y crítico que reclama la «fe en el mejoramiento humano, en la vida futura y en la utilidad de la virtud».

En sus bases republicanas, Martí preconizó con acento fecundo la necesidad de democratizar la vida política, social y cultural del país, haciendo prevalecer la plena igualdad de derechos, al propiciarse el equilibrio, la tolerancia, el buen oído y la comprensión de las opiniones disímiles, la abolición de toda forma de discriminación y el pleno acceso a la educación y a las diversas manifestaciones de la cultura.

Y como embridando esa aspiración de hacer la vida más dialógica y armónica, Cuba y su adorable gente han tejido en estos últimos años no pocos espacios para la pluralidad y el razonamiento colectivo, con el propósito de abrir entre todos las mejores vías, y encontrar en la diversidad de juicios la unidad de un pensamiento que modele y corrija, que conduzca y decida lo mejor, incluyéndolo todo, desde la casa y el barrio, desde el arte, la escuela y la familia, llegando por buen camino hasta la política y la economía.

Cuando nos aproximamos a la obra intelectual y creativa del Maestro, para la que no existe una única fecha y en la que se conjugan la delicadeza del poeta, la vehemencia del orador, la visión del cronista y el acierto mayúsculo del político tras el genuino fin de la independencia, no es difícil advertir cómo la idea del futuro cobra vida en feliz conjunción con el sentimiento de Patria. A ese futuro deseado es consustancial el compromiso de las jóvenes generaciones con las causas más valederas de la patria chica y de la patria grande, la Humanidad, aspiración a la que la reciente cumbre del ALBA hizo un magnífico aporte, al levantarse con Bolívar y nuestro Apóstol para todos los tiempos.

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