Fiestas y funerales para ganadores - Opinión

Fiestas y funerales para ganadores

Autor:

Luis Orlando Hernández

¿Quién debe rendirle tributo a quién? Ánimos caídos, silencios absolutos en los dogout, errores inverosímiles, bajones ofensivos, todo lo contrario a lo que un público impaciente, expectante y fiel espera desde las gradas.

Comprender cómo la imagen de un equipo de béisbol puede degradarse en apenas unos días no resulta difícil, pues los hombres, esos que los componen, así actúan en sus vidas de forma lógica y natural. Se torna tan complicado exigir alegría cuando el momento implica tristeza, como reclamar caras de ánimo cuando la derrota anega corazones. Pero algunos jugadores parecen no sentirlo.

Tampoco logro comprender cómo existen equipos y jugadores apáticos. Ese adjetivo solo puede caberle a los derrotados. ¡Qué mayor regocijo para la obra humana que el de que sus acciones resulten del agrado de otros, lo que se traduce en la pelota en estadios repletos de personas! Triunfadores serían entonces los seguidores que articulan sus vidas con el paso de los 96 juegos y, cual padres bondadosos, perdonan año tras año los deslices de sus hijos.

La pleitesía que cada día rinden los miles de aficionados a los diferentes equipos de nuestra Serie Nacional merece una reciprocidad. Amor a la camiseta y ensuciarla cuando sea necesario; concentración, esmero en los entrenamientos, conducta ejemplar, humildad… llanto.

Muchos recuerdan con nostalgia el pundonor de cada pelotero en aquellos tiempos lejanos y difíciles, cuando las guaguas Girón y los albergues al pie del terreno eran comunes, y realizan la inexorable comparación con las generaciones de hoy. Generalizar en este momento pudiera resultar ingrato, pues son visibles vestigios de entrega en algunas novenas. Pero el sinsabor que queda año tras año en las personas ante el inesperado fracaso de su elenco puede revertirse con la demostración de que no solo el aficionado es el doliente.

Y acaso haya que hacer más. Los ratos amargos han de ser punto de partida para aspirar a mejorarnos, a perfeccionar la manera en que se preparan y compiten nuestros peloteros —cada vez más se refiere que la estructura de la Serie Nacional no concentra la calidad—. Así, podremos esperar más de ellos, y que sean harto exigentes consigo mismos.

Los días que se avecinan en la etapa final del máximo evento deportivo y cultural cubano prometen, como casi todos los años. Siete equipos irán cayendo en fila de dominó para abrirle paso al campeón. La historia de decepciones se repetirá en algunos. Lo que sí no puede reiterarse es el funeral del público con la fiesta de los jugadores.

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