Por cuenta propia… y de todos

Autor:

José Alejandro Rodríguez

Cuando aún está por llegar el vuelco más revolucionario del modelo económico cubano: el de quitarle el andador a la empresa estatal socialista, y con él las amarras de tantos tutelajes y prohibiciones; avanza la expansión del trabajo por cuenta propia y otras figuras de la economía no estatal.

El país desataniza el pequeño negocio particular, comienza a impulsar el cooperativismo más allá de la tierra, y al propio tiempo apuesta a que más temprano que tarde, habrá que cantarle a la empresa estatal, como en la ronda infantil: que la dejen sola, solita, y entre en el baile valiéndose por sí misma, para que alcance sus beneficios, los de sus trabajadores y los de la sociedad.

En poco tiempo, con el auge del trabajo no estatal, se ha expandido la iniciativa ciudadana, y con ella la diversidad. Si se le suman la entrega de tierras en usufructo y otras flexibilizaciones, diremos que la economía adquiere cada vez más colores y acentos, y la vida se torna menos aburrida y monolítica.

El hecho de que el número de trabajadores por cuenta propia se haya más que duplicado de octubre de 2010 hasta hoy, refuerza la idea de que esta figura económica va dejando de ser alternativa para convertirse en el fin de una cantidad cada vez mayor de cubanos.

Si bien es un reto para los tradicionales estilos de administración del Estado, el «cuentapropismo» le ha quitado a este cargas pesadas: absorbe fuerza laboral sobrante en medio de una restructuración del empleo, y lo exonera de elevados gastos en salarios.

También los trabajadores por cuenta propia, además de contribuir a mejorar los ingresos de muchas familias, en su condición de contribuyentes mediante la política impositiva van convirtiéndose en garantes sustanciales del erario público y los equilibrios fiscales, a la par que dinamizan la circulación monetaria y llenan nichos vacíos y ociosos del mercado con sus ofertas de productos y servicios.

Sin embargo, la expansión de este sector ha carecido de los necesarios procesos de adiestramiento y capacitación, aunque ya la honrilla la salvan los cursos que la Asociación Nacional de Economistas y Contadores imparte a los nuevos hombres de micronegocios.

Otras limitaciones, que se expresan tanto en los precios finales de sus productos y servicios a la población, como en la turbulencia de las indisciplinas económicas y el mercado negro, es la ausencia hasta el momento de un abastecimiento mayorista de insumos para ellos. Así, carenan en la red minorista, a precios que restringen sus márgenes de ganancia, y crean inestabilidad en los abastecimientos. O se nutren del mercado negro.

Analistas del fenómeno, reunidos en el recién celebrado Primer Coloquio sobre Trabajo por Cuenta Propia, abogaban por flexibilizaciones sustanciales en la política impositiva hacia los TPCP, con criterios más personalizados y diferenciadores, que no apliquen tábula rasa. Y en ciertos casos, defendían el acceso al comercio exterior y las importaciones, descentralizadamente.

Otro estorbo es la especificidad de las licencias autorizadas para ejercer, que reducen el margen de iniciativa individual, y en su gran mayoría no aprovechan la potencialidad de actividades más intensivas en conocimiento. Un profesional que quede disponible en su empresa, tiene pocos márgenes para ejercer en lo suyo en esos nichos. Quizá la asunción del cooperativismo pueda abrir nuevos cauces en tal sentido.

Lo otro es el marco regulador, que ha abierto posibilidades a ese sector, pero que tendrá que seguir revisándose y actualizándose con los criterios que dicte la vida. Ese observatorio nunca debe fallar.

En consonancia, bien debiera atajarse todo lo que permita la excesiva intrusión administrativa estatal en sus dinámicas. La fiscalización y el control necesarios a la disciplina, pero sobre todo preventivos y educativos. Las potestades de los Consejos de Administración Municipales y de los cuerpos de inspección deben ser utilizadas  más para gestar y promover que para prohibir, más para estimular y comprometer que para castigar.

Estando muy cerca de los trabajadores por cuenta propia, y a la vez respetando sus propias autonomías, se logrará la sinergia que, muchas veces, naufraga por viejos prejuicios aún latentes. No olvidemos que el Gobierno cubano, la mismísima dirección del país, ha llamado a favorecer y valorar a ese, un trabajador de este país tan digno como el que más, con todos sus derechos y prerrogativas. Por cuenta propia… y de todos.

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