En defensa de la vara de Asclepios

Autor:

Julio César Hernández Perera

Hay historias inauditas. Tanto, que después de una aparatosa caída en el asiento con las manos en la cabeza, podríamos preguntarnos: ¿Cómo pudo suceder?

La Medicina tiene las suyas; y entre ellas, una que tiene que ver con el símbolo que la identifica: el bastón o vara de Asclepios, personaje de la mitología helénica, el cual llegó a ser tan hábil en la cirugía y en el empleo de los medicamentos, que se le venera como el fundador de esta ciencia. Su bastón, con una sola serpiente enroscada, es la enseña de la mayoría de las sociedades médicas del mundo, como la cubana y la Organización Mundial de la Salud.

Hace poco distinguí —y no ha sido la única vez— en la pechera de la ropa de guardia de un médico, un emblema que fue exquisitamente bordado, y que no era el de la medicina: Resaltaban en este caso dos serpientes en lugar de una, entrelazadas entre sí en una vara coronada por dos alas. Esta insignia se conoce como caduceo, atributo de Mercurio, el dios romano del comercio y también mensajero de los dioses como trasunto del Hermes griego.

El caduceo es reverenciado como detalle distintivo de los embajadores y de los caballeros medievales conocidos como heraldos, quienes transmitían mensajes de importancia, ordenaban las grandes ceremonias y llevaban los registros de la nobleza. En la actualidad es el símbolo del comercio.

Notarán que nada tiene que ver con la Medicina, y las causas de este desacierto atienden en mucho a erradas interpretaciones y a traducciones descuidadas.

Quizá para algunos mortales grandilocuentes de la historia, el uso de dos serpientes como alegoría, más que una, ha sido atrayente entelequia, aun sin conocer el real significado de las cosas. Y es ahora cuando nos referiremos a lo que podemos considerar como el hilo principal de una fábula de embrollos relativos a los símbolos médicos.

El protagonismo en la diseminación de este desaguisado se le achaca al cuerpo médico de la Armada de los Estados Unidos: En el año 1902 se dispuso la creación de un nuevo uniforme para esa organización militar. En aquel momento, a sugerencia de un tal capitán Frederick Reynolds, se estableció erróneamente que el caduceo de Mercurio engalanara como insignia el cuello de los uniformados.

Fue evidente la incompetencia que entonces tuvieron los oficiales responsables de distinguir las diferencias entre el primer distintivo y la vara de Asclepios. Sorprendentemente, muchos historiadores de las fuerzas armadas norteamericanas fueron incapaces de explicar la confusión.

Lo que pudo ser un «pequeño desliz» dentro de ese umbral, empezó a crecer: muchos copiaban a los amos. Al final, se extendió el embrollo a otros organismos sanitarios oficiales de la época, no solamente norteamericanos, sino también británicos y de otras naciones.

No es raro que en las publicaciones inglesas, médicas o no, se mencione erróneamente el caduceus como símbolo de la Medicina, aun cuando se haga alusión a la vara de Asclepios. Y así, con la ayuda de traducciones mal hechas a partir del inglés, se ha multiplicado el enredo en el mundo del idioma español.

He tenido que recordar esta historia de error e imitación, nacida de una falta de los «patricios norteamericanos», la cual se magnificó a partir de una ignorancia servil, imitativa, que siempre mira al Norte, y que no pudo advertir con claridad el error primario.

Meditaba sobre los símbolos, sobre el peligro que encierra la ignorancia mezclada con el poder: es como para ponerse en guardia, por ejemplo, con pifias como la que perpetró recientemente el presidente Obama en la Cumbre de las Américas: ¡Mire que confundir las Malvinas con las Maldivas!

*Doctor en Ciencias Médicas, especialista de segundo grado en Medicina Interna, profesor titular de la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana e investigador auxiliar.

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