La «bomba» de Aput - Opinión

La «bomba» de Aput

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

Muchos deben reconocer ese nombre —de procedencia árabe—, en la voz de uno de los locutores de la emisora cubana Radio Reloj. Ibrahim Aput Eybaiter, con 82 años de vida, aún marcha junto al tiempo.

Dejo que los dedos corran veloces por el teclado para que cada pensamiento que le dedico a Aput no quede «en el aire» que ha llevado su voz y talento a los radioescuchas de Cuba.

Más de seis décadas de trabajo en la radio y la televisión hacen de este hombre, dulce y recto a la vez, una figura casi imprescindible en la formación de nuevos profesionales de los medios de comunicación, en especial de locutores.

Y aunque este Artista de Mérito no es amante de las rimbombancias y los títulos, parece poco cuanto pueda decirse de él.

Nació en las montañas de Santiago de Cuba, cerca del poblado de San Luis. A pesar de que resultaba muy difícil estudiar, tomó cursos de distintas asignaturas por correspondencia y luego aprobó uno de radiotécnico por la National School.

Visitar la emisora de San Luis fue su oportunidad, pues un día de 1948 sustituyó, de manera imprevista, al locutor ausente, y todavía hoy recuerda cuán nervioso estaba, casi a punto de no poder pronunciar palabra. Desde entonces, y desde que comenzó a trabajar de manera oficial en la CMKR, Red Provincial de Radio en Santiago de Cuba, Aput no ha podido «desprenderse» de la radio.

Trabajó en la actual Radio Granma, más tarde en Radio Caribe —una emisora capitalina similar a Reloj—, y tras el triunfo de la Revolución —a la que sirvió desde la clandestinidad como parte del Movimiento 26 de Julio— laboró en Radio Rebelde por ocho años; y en la televisión más de 20. Cuando decidió jubilarse, otros se lo impidieron, y es por eso que, afortunadamente, su voz no falta en la emisora que marcha junto al tiempo.

No sería justo que, siendo Aput un arsenal viviente de conocimientos y experiencias, las guardara para sí. Por ello las reparte con modestia, pues dedica gran parte de su tiempo a enseñar, a guiar a quienes desean ser locutores, profesión que es bastante más que hablar ante un micrófono, como muchos piensan.

El estudio constante, para tener el nivel cultural que permita el buen desempeño de la profesión, la disciplina y el amor que se le profese son, para Ibrahim Aput, Premio Nacional de Radio 2009, ingredientes indispensables que no han faltado en su vida y que deben regir la de quienes pretendan ser locutores. Sus consejos son como regalos de sabiduría, esos que entrega a los niños del proyecto Voces del Futuro, a quienes también les muestra el camino.

Hace falta mucha «bomba», dice, para hacer este trabajo como debe ser. Y yo coincido con él en que no se trata de colgarnos una etiqueta, perseguir la fama o creer que ya llegamos a la meta, porque el locutor siempre debe transitar y aprender.

Aput ha activado esa «bomba» en muchos, entre quienes me incluyo. Esa es la «bomba» del esfuerzo constante, de la práctica diaria, de la dedicación que supera cualquier examen de aptitud o de participación en un diplomado, la de adquirir conocimientos un día tras otro y evitar el facilismo… La que todos debemos tener encendida como garantía de que nos interesa nuestro trabajo y queremos hacerlo bien; la que explota cuando alguien como Aput te abraza y te dice: «Hace días que no venías por aquí… tenemos que seguir practicando…». Y tú no sabes de qué manera agradecerle tanto, ni siquiera con estas líneas.

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