El gong no ha sonado

Autor:

José Luis López

La muerte de nuestro múltiple campeón de boxeo Teófilo Stevenson, ha tomado para mí matices dramáticos.

Recientemente, el pasado día 6, logré rescatarle una última entrevista al carismático y afable «Teo» —presente en el cartel final del torneo Córdova Cardín—, en la cual me brindó sus siempre sabias valoraciones sobre el actual estado del boxeo cubano. ¿Y saben qué me pronosticó? Que los pugilistas cubanos, pese a los innumerables cambios y reglas del boxeo actual, regresarán a Cuba, al menos, con un par de títulos de los Juegos Olímpicos de Londres.

Entretanto, yo le comentaba: «al ring que tú subiste en tu época, ¿le habrán quitado las cuerdas?, porque ahora no tenemos ni en Cuba ni en el mundo, un hombre capaz de propinar nocauts, como esos con los cuales tú fulminabas a los rivales».

Entonces él, con su clara sonrisa, me decía: «atiende la pelea, para que la puedas describir mejor». Hasta en eso era elegante.

Ahora vienen a mi memoria las tantas peticiones que le hiciera a mi padre para que me llevara a la Ciudad Deportiva «a ver los nocauts de Stevenson» durante el I Campeonato Mundial de Boxeo, en 1974.

En la época de ese Mundial, todos los chicos de mi barrio y de la capital cubana, soñábamos con las peleas de Teo, para verlo con esa bella danza sobre el cuadrilátero y su preciso jab de izquierda, combinado con todo tipo de golpes de derecha.

Pero con su potente pegada, nuestro gigante de ébano no solo «anestesió» a innumerables rivales foráneos, incluidos varios estadounidenses que pavoneaban un triunfo sobre el ídolo del central Delicias. Teófilo fue letal en su «golpeo» contra los lacayos y mercantilistas de este viril deporte, que tanto hicieron porque abandonara las filas del amateurismo— o lo que es igual, la patria que lo vio crecer—, y se incorporara al boxeo rentado.

Hoy también recuerdo todo su historial competitivo, y esos tres títulos olímpicos. Nadie en el mundo ha podido superar una cota tan única y especial de Teo: en sus dos primeras citas estivales —Munich 72 y Montreal 76—, ganó todas las peleas por fuera de combate. Pero en la tercera, dirimida en Moscú 80, solo escaparon el húngaro István Lévai (5-0) y el ruso Piotr Zaev (4-1).

Al retirarse en 1988, Teófilo exhibió palmarés de 301 victorias y apenas 20 reveses, entre ellos dos ante el ex soviético Igor Visotski, su eterno rival.

Un veterano entrenador de muchos campeones de boxeo profesional, Enmanuel Steward, había sentenciado: «es el peleador más perfectamente balanceado que yo haya visto jamás». Y yo también. Teo, tu impronta siempre estará sobre el cuadrilátero.

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