Chávez: certeza en el triunfo

Autor:

René Tamayo León

CARACAS.— El mandatario Hugo Chávez volvió a declararse convencido de obtener una victoria aplastante sobre la derecha en los comicios presidenciales del 7 de octubre (7-O), cuando aspira obtener, indicó, el 70 por ciento de los votos.

«Es imposible que no ganemos las elecciones». «Si tuviera elementos objetivos que lo desmintieran; lo diría», señaló el estadista durante una nutrida rueda de prensa en el parque Ezequiel Zamora, más conocido como la Loma del Calvario, una de las alturas de Caracas aledaña al Palacio de Miraflores.

El estadista apoyó su certeza en el último estudio de la encuestadora Datanálisis, una de las más prestigiosas aquí, y cuyo principal gerente es un declarado antichavista.

Según la firma, la brecha entre el bolivariano y el ultraderechista Henrique Capriles Radonski es de 18,3 por ciento.

El guarismo incluye tanto a quienes confirman que darán su voto al representante de la Tolda Roja, como a los indecisos que, a pesar de su ambigüedad, sugieren preferir a este.

El padrón electoral para las presidenciales del 7-0 frisa los 19 millones de personas, y la abstención pudiera ubicarse en un 20 por ciento (según reconoció el propio Chávez).

La meta del Gran Polo Patriótico, conglomerado de partidos y organizaciones que apoyan la candidatura del actual Presidente, es alcanzar diez millones de votos.

Tomando en cuenta el resto de los informes de otras encuestadoras reputadas —la mayoría de las cuales dan incluso un mayor margen a favor de Chávez—, este redactor opina que la victoria del líder revolucionario es un hecho consumado.

Por otro lado, la ultraderechista Mesa de la Unidad Democrática (MUD) —aglutina a partidos y movimientos que adversan a la Revolución—, que tiene detrás todo el dinero de los centros de poder hegemónicos a nivel global, y no pocos de los mejores expertos en campañas electorales (adscriptos —o contratados— al modelo neoliberal), no está haciendo tan mal las cosas. Aunque a veces deja mucho que desear.

La MUD no ganará, pero marcará.

El peligro mayor, como ha reiterado el presidente Chávez, es que apliquen lo que aquí se define como Plan B: el desconocimiento por parte del candidato de la derecha y sus representantes, de la pronosticada victoria del revolucionario, y que llamen a la desobediencia y la violencia.

La cantada de fraude por parte de la reacción, incluso antes de que el árbitro electoral dé al ganador en alguna hora de la noche del 7-0, parece casi inevitable.

Será el último estertor de la derrota.

Ahora, el que puedan generar un escenario desestabilizador, es harina de otro costal. Dependerá, en primer lugar, de la capacidad de las fuerzas chavistas de mantenerse movilizadas para defender el vaticinado triunfo (en el que coinciden, reitero por enésima vez: encuestadoras, académicos, think tank e incluso servicios de inteligencia emplazados aquí).

La elección presidencial en Venezuela no quedará finiquitada el 7-0. Es pronosticable que el 8 de octubre y los días sucesivos pudieran vivirse jornadas muy tensas.

Esperemos que no.

Si así ocurriera, empero, será una segunda derrota de la ultraderecha. Hace unos meses, el presidente Chávez lo sugirió —no lo ha vuelto a repetir de forma tan explícita y ruda— pero un escenario como ese solo conduciría a una mayor radicalización del proceso bolivariano.

Ya este (más o menos parafraseando a Chávez —y apropiándome de la jerga local, que en Cuba puede resultar palabra fuerte) dejó de ser el proceso «pendejo» (aquí la frase, aproximadamente, refiere a «ingenuo») del golpe castrense de 2002 y el paro petrolero de diciembre 2002/enero 2003. Y demás artimañas.

La bolivariana, ya es una Revolución experimentada.

No se va a andar con «pendejadas» de nuevo.

No obstante, los destinos políticos de Venezuela encierran aún más de una incógnita. En diciembre se efectuarán las elecciones regionales; en abril de 2013, las de alcaldías; y en 2015 vienen las parlamentarias. Cada una será un desafío para la Revolución.

Mirar lejos, es don de pocos. Sería arrogante si yo lo hiciera. Como simple redactor, al final del análisis solo apuesto por una sola cosa: la telúrica de los pueblos. Esa es la que define, y siempre sorprende... Y para mejor.

Eso sí, Venezuela parece predestinada hoy, y en lo que resta de década, a ser el corazón de América. Y quizá hasta el alma de este mundo. Al menos eso me vino a la mente cuando, repasando las imágenes de los fotorreporteros y los planos de los camarógrafos de prensa, escuchaba a Chávez hablar a los periodistas desde la Loma del Calvario de Caracas.

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