Estados Unidos en la recta final hasta noviembre - Opinión

Estados Unidos en la recta final hasta noviembre

Autor:

Lázaro Fariñas

Con sendos discursos de Joe Biden y Barack Obama fue clausurada la Convención Nacional del Partido Demócrata de Estados Unidos y como la semana antepasada se celebró la del Partido Republicano, de ahora en adelante es que empieza la rebatiña política por ocupar la presidencia del país.

Desde este momento empieza a correr un río de dinero que desemboca en cuanto medio radial, escrito o televisivo exista en la nación. Se calcula que estas serán las elecciones más caras de la historia de la humanidad. Cientos de millones de dólares serán gastados por las campañas políticas de ambos partidos para tratar de llevar a su candidato a la Casa Blanca.

Definitivamente, la fiestecita de los demócratas impactó mejor en la opinión pública que el festín de los republicanos. Los oradores fueron mejores, hubo más variedad entre los mismos, el mensaje era más popular, los argumentos más contundentes y los participantes más coloridos. Negros, homosexuales, latinos, clase media, trabajadores y variedad de otras minorías étnicas llenaron el coliseo en donde se dio la fiesta demócrata, contrastando con la de los republicanos, donde la mayoría de los participantes se veían blancos, rubios y de ojos azules.

Aunque los discursos de los políticos siempre son muy parecidos, por lo menos los del Partido Demócrata tienen un mensaje más humano y populista, en contraste con los republicanos, que van dirigidos a una audiencia más elitista, intolerante y derechista.

No es que alguno de los dos partidos vaya a hacer nada extraordinario en cuanto a lo que las estructuras políticas, económicas o sociales de la sociedad norteamericana se refiere pero, por lo menos, los demócratas demuestran en sus discursos más sensibilidad ante los más pobres y sufridos del país, pobres y sufridos que son la mayoría de los ciudadanos que habitan en esta nación, la cual tiene la economía más grande del planeta pero en la que un pequeño porcentaje de la población reúne en su poder la mayor parte de las riquezas existentes.

Lo que es increíble es que gran parte de esos que tanto necesitan de los programas sociales voten en las elecciones a favor de quienes quieren recortar esos programas. Miami es un verdadero ejemplo de lo que afirmo. Aquí se ve claramente cómo los viejitos de origen cubano, que necesitan del Seguro Social, el Medicare y Medicaid, los sellitos de alimentos, los comedores populares, etcétera, son embaucados por los politiqueros locales para que voten a favor de los republicanos.

Esa es una realidad en cada elección que se lleve a cabo en este condado, y aunque aquellos votan sólidamente por el partido que les recorta sus beneficios, los demócratas ganan el condado en todas las elecciones presidenciales.

Nadie puede predecir en estos momentos qué partido va a ganar en noviembre. Aunque las encuestas le dan ventaja a Barack Obama, el electorado norteamericano es muy sensible a cambiar de idea en cualquier momento e, incluso, a última hora. La economía, que fue definitivamente el factor que le dio la victoria al presidente en las anteriores elecciones, bien puede ser el factor que se la niegue en estas.

Es verdad que el desastre económico estalló días antes de las elecciones del 2008 y que eso favoreció a los demócratas, los cuales presentaban, por primera vez, a un candidato negro al cual le iba a costar muchísimo trabajo alcanzar el triunfo electoral. No porque tuviera un mensaje equivocado ni fuera un mal orador o un mal político, sino simplemente por el color de su piel, ya que a pesar de que el racismo ha cedido terreno en este país, todavía sigue estando bien metido en el ADN de la población blanca. Por muchas leyes que se han pasado en contra de la discriminación racial, todavía es un factor de importancia en esta sociedad.

A pesar de que se habla de multipartidismo en este país, sigo afirmando que los dos que predominan y gobiernan son en esencia lo mismo. Hay sus diferencias, algunas veces muy notables, pero estructuralmente no existe ninguna. El sistema es inalterable y no tiene alternativas evidentes. Los de arriba seguirán estando en su lugar y los de abajo seguirán el mismo camino que hasta ahora han llevado.

Habrá programas sociales más o menos avanzados, pero la enorme desigualdad entre los poderosos y los humildes continuará hasta las calendas griegas, sin que importe si el presidente se llama Obama y es negro o si se llama Romney y es blanco. Claro que votaré por Obama en noviembre, y sin hacerle caso a mi amigo Max Lesnick, no me voy a tapar la nariz para hacerlo.

*Periodista cubano radicado en Miami

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