Despejando a la OTAN el camino a Siria

Autor:

Jorge L. Rodríguez González

La intervención militar directa de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en Siria podría comenzar a través de Turquía. A eso parecen estar empujando las grandes potencias occidentales, sus pajes en la región y los grupos opositores armados, renuentes a una salida política y negociada de la crisis, pero incapaces de derrocar al Gobierno de Bashar al-Assad sin la asistencia de la propia Alianza con una campaña de bombardeos al estilo libio, que hace rato piden.

Hasta el momento, la OTAN se ha limitado a la asesoría de los grupos armados en zonas fronterizas con Turquía, donde se alojan los campos de entrenamiento. No han llegado más lejos por la férrea oposición de Rusia y China en el Consejo de Seguridad a dar luz verde a una intervención extranjera.

Por eso, además del financiamiento de mercenarios, su táctica es echar a rodar en la guerra a uno de sus peones: Turquía. Otra vez la justificación que calienta los motores está en la creciente tensión en la frontera sirio- turca, tras la explosión de un obús de mortero en el pueblo turco de Akcakale, presuntamente disparado durante un enfrentamiento entre bandas antigubernamentales y fuerzas del Ejército Árabe Sirio.

Sin aclarar los acontecimientos —para lo que Siria anunció una investigación—, la OTAN recriminó a Damasco como un agresor de la soberanía del vecino y le acusó de violar el Derecho Internacional. Incriminaciones hipócritas de un grupo de países que, pisoteando ese cuerpo de tratados y leyes y manipulando resoluciones del Consejo de Seguridad, bombardearon Libia —la «hazaña» más reciente— para derrocar al coronel Muammar al-Gaddafi y levantar una administración servil a sus intereses.

Poco después de los acontecimientos fronterizos, la OTAN se reunió de manera urgente en Bruselas para expresar su incondicional apoyo a Turquía, que no paraba de disparar hacia Siria, aunque Damasco pretendía apaciguar la tensión que podría justificar la intervención de la Alianza Atlántica.

Las amenazas también se escucharon desde Washington. El portavoz del Consejo Nacional de Seguridad, Tommy Vietor, dejó claro que «estamos con nuestro aliado turco» y se refirió a estrechas consultas «sobre el camino a seguir». También Hillary Clinton, la secretaria de Estado, expresó su respaldo a Ankara.

Respecto a los disparos desde territorio sirio, que causaron cinco muertos y 13 heridos, hay muchas interrogantes y sospechas sobre la construcción de un escenario que dé la razón a la OTAN para intervenir directamente en Siria, pues el Artículo 5 autoriza la respuesta del bloque cuando alguno de sus miembros es «atacado».

Según Russia Today, se supone que los proyectiles fueron lanzados desde el municipio Tel Abiad, colindante con el pueblo turco de Akcakale. El pasado 19 de septiembre, grupos antigubernamentales sirios se apoderaron del punto de control fronterizo situado entre esas dos localidades, y hasta el momento fuerzas del Ejército de Damasco no han logrado echarlos de esa posición.

Más allá de especulaciones, aún se desconoce la identidad de los autores del disparo del obús, pero para la OTAN y los medios de comunicación que le acompañan el culpable se llama Siria. Además, un ataque a territorio turco solo puede traerle a Damasco malas consecuencias, pues sería el motivo esperado por el bloque para atacar.

No es la primera vez que la Alianza Atlántica pretende utilizar la tensión entre ambos países como parapeto. En junio pasado, el derribo de un avión turco que violó el espacio aéreo sirio dio lugar a una reunión amenazante similar a la de este miércoles.

Hasta el momento, la OTAN no dice invocar su Artículo 5, pero dio el espaldarazo a Turquía, cuyo Parlamento autorizó las incursiones militares contra Siria si fuera necesario.

El Gobierno otomano no actúa solo. Como pilote en la estrategia occidental de cambio de régimen en Siria, allana el camino a sus aliados, dueños del proyecto antisirio, y por tanto, quienes decidirán el momento más oportuno —quizá después de las elecciones de Estados Unidos— para dar la orden de atacar.

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