Si de democracia se trata…

Autor:

Armando Hart Dávalos

Si de democracia se trata, los resultados de nuestros actuales comicios, dados a conocer por la Comisión Nacional Electoral, validan sin dudas el masivo apoyo del pueblo cubano al sistema político que, como parte de la Revolución, puso en vigor la Constitución de la República aprobada en 1976 por el voto favorable del 97 por ciento de los electores.

Si de democracia se trata, es evidente que si la existente hoy en Cuba puede ser aún perfectible y en esa búsqueda estamos todos los días, el sistema político que el pueblo cubano se dio libremente a sí mismo y nos rige desde hace más de 30 años, exhibe cualidades que se reafirman en cada ocasión electoral, mostrando la más profunda convicción de quienes han hecho de la Revolución y el socialismo un sentido de la vida, más allá de mecanismos y cifras.

No obstante, los impresionantes resultados numéricos de los comicios celebrados pueden servir también para interpretaciones y lecturas de más largo alcance, en instantes en que el país atraviesa momentos decisivos y de esfuerzos que deben ser a la vez heroicos, sistemáticos y sostenidos, en aras de la actualización del modelo económico socialista y, por tanto, de la continuidad histórica de la Revolución y su obra.

Por encima de cuantos obstáculos, dificultades y peligros que nos ha colocado delante el enemigo imperialista para volver a sojuzgarnos y apoderarse de Cuba, y por encima de duros desastres naturales que nos han puesto a prueba, el pueblo continúa erguido de manera casi unánime, de forma que ha mostrado en cada caso y en cada momento su firme decisión en defensa de la Patria independiente y soberana, del socialismo como formación económica y social más justa y equitativa y del sistema político que emergió del triunfo revolucionario de 1959 y las posteriores medidas de institucionalización.

Esta decisión hace que tengamos un verdadero Estado de Derecho donde todos cuentan por igual y tienen semejantes oportunidades en igualdad de condiciones.

Los que venimos de la Generación del Centenario sabemos que fue este el espíritu que siempre inspiró al movimiento revolucionario cubano desde la acción heroica frente a los sucesos del Moncada y del cuartel Carlos Manuel de Céspedes. Recordamos, por ejemplo, las palabras de Fidel en el histórico mitin de Palm Garden, en Nueva York, el 30 de octubre de 1955:

«El pueblo cubano desea algo más que un simple cambio de mandos. Cuba ansía un cambio radical en todos los campos de la vida pública y social. Hay que darle al pueblo algo más que libertad y democracia en términos abstractos, hay que proporcionarle una existencia decorosa a cada cubano; el Estado no puede desentenderse de la suerte de ninguno de los ciudadanos que han nacido en el país y crecido en él».

Si de democracia se trata, es necesario que cualquier sistema que se reivindique como tal tenga tras de sí el apoyo consciente, masivo y entusiasta —como ocurre en Cuba— de los ciudadanos que viven y se rigen dentro de sus marcos jurídicos y políticos. Sabemos que no sucede igual en muchos otros países del mundo, donde la elevada abstención electoral es una de las expresiones más fehacientes del descontento, la protesta social y la falta de confianza en el sistema y en los políticos.

Ahora que se realizan las elecciones generales en Estados Unidos tendremos la oportunidad de corroborar todo eso en el país imperial, cuyo sistema político defrauda a millones de sus ciudadanos y que, a pesar de ello, sus clases dominantes intentan imponer a sangre y fuego, mediante guerras de agresión, golpes de Estado y conjuras de todo tipo, donde no faltan el soborno, el chantaje y hasta el asesinato.

Por supuesto, los cubanos no pretendemos imponer a nadie nuestro sistema constitucional y político, que el pueblo de Cuba se dio libremente a sí mismo y ha ido paulatinamente perfeccionando y ajustando a las características y necesidades que las circunstancias han aconsejado, siempre consultando y respetando la voluntad popular.

Tenemos, sin embargo, el derecho y el deber de salir al paso y demostrar con verdades incontrovertibles que, si de democracia se trata, la de Cuba cuenta con la legitimidad que le otorga el apoyo consciente, masivo y entusiasta de los millones de electores que son herederos de nuestras más puras tradiciones combativas, patrióticas e internacionalistas y se inspiran en la sangre derramada por la nutrida legión de mártires de la Patria.

Si de democracia se trata, somos también invencibles.

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