Los malos vicios y la economía - Opinión

Los malos vicios y la economía

Autor:

Roberto Díaz Martorell

Un lector amigo piensa que para dejar de fumar se debe incorporar in mentis la cultura del daño que hace ese mal hábito, de lo contrario, persiste el deseo y el disfrute al encender el cigarrillo. Pues bien, para lograr el desarrollo local, también «la mente» debe desintoxicarse de algunos malos vicios.

Frecuentemente surge la pregunta de cómo dar solución a desafíos del contexto cubano actual —producción de más alimentos, viviendas y energía, preservación del medio ambiente, etcétera—, los cuales tienen en la municipalización la expresión más concreta e importante de las soluciones, sin que dar un paso dependa de muchas autorizaciones. Y en verdad esta cuestión es significativa, pero la vida demuestra que también hay que mirar en otras direcciones.

El Plan de Desarrollo Integral de la Isla de la Juventud —por citar un ejemplo— evidencia la implementación de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, aprobados en el VI Congreso del PCC, en aras de alcanzar la sostenibilidad económica en ocho años, pero todavía quedan deudas locales originadas por el desconocimiento y la poca iniciativa.

¿Causas? Cierto número de empresas no tienen incorporada la necesidad del trabajo en equipo, y crear una comisión para estimar la factibilidad de una idea es todavía una utopía. Ahora, parte de la respuesta a ese problema pudiera estar a la distancia de seis meses, cuando dé sus frutos un diplomado para enseñar a gestar proyectos de desarrollo local. Hasta entonces la economía sigue fumando.

Según el Doctor en Ciencias Leonardo Cruz Cabrera, rector de la Universidad pinera, la voluntad del Gobierno local necesita, además, acompañamiento institucional desde una gestión enfocada en potenciar el aporte de manera integral y aprovechar los espacios de socialización para evitar que las estructuras verticales no obstruyan la horizontalidad de los procesos.

«Pero se necesita tiempo», decía, y tiene mucha razón. De la noche a la mañana no se puede transformar lo sedimentado en el hacer de años. De acuerdo con la metodología utilizada para impartir este diplomado —explicó— se necesita un semestre para elaborar un proyecto de fuerza, profundo y serio, y se precisa además de una cultura de estudio de caso, de investigación, análisis y toma de decisiones.

También es necesario en este propósito la participación de todos los actores —una vez identificados los recursos potenciales para el desarrollo endógeno— y establecer las prioridades, que además de estar a tono con la estrategia del país, deben responder a las demandas locales y generar ingresos para luego reinvertirlos en otros proyectos.

Igualmente puede limitar a las estrategias de desarrollo local la espera por firmas autorizadas, con lo que se corre el riesgo de perder el financiamiento para su ejecución o que, en el mejor de los casos, se apruebe casi al final del año cuando no queda mucho tiempo y están a merced de la improvisación y el apuro, y es entonces cuando la economía aspira con mayor profundidad el humo dañino.

Otra pieza vital es integrar la cultura de proyecto que, al decir de Cruz Cabrera, implica también el derecho a tropezar haciendo. Solo así se aprende, lo que no quiere decir botar esfuerzos y recursos en busca de la mejor solución, sino caminar sin trabas burocráticas, desaprender la dependencia y dirigir los pasos hacia la autonomía. Solo así podremos apagar el cigarro contra el cenicero.

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