La cuestión es trabajar y hacerlo bien

Autor:

Heriberto Cardoso Milanés

Trabajo, idoneidad y empleo son tres términos que escuchamos cada vez más entre los temas que aborda la opinión popular, puestos a la orden del día por los pasos que se dan para concretar los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución —y particularmente lo esbozado en el Lineamiento 169 y otros relacionados con la Política Social—, aprobados por el VI Congreso de nuestro Partido y posteriormente ratificados por la Asamblea Nacional del Poder Popular.

En el 169 se precisa la necesidad de «Desarrollar un proceso de reordenamiento laboral en el país que, bajo el principio de la idoneidad demostrada, contribuya a eliminar las plantillas infladas y los tratamientos paternalistas, para estimular la necesidad de trabajar y reducir los gastos de la economía y el Presupuesto del Estado».

Esta es una de las diversas medidas aprobadas con el fin de eliminar excesos generados por una práctica de muchos años, durante los cuales el Estado estuvo garantizando el empleo para salvaguardar un derecho constitucional de las personas, sin que se tuviera en cuenta en todos los casos las reales necesidades laborales del país, sus posibilidades y criterios de prioridad.

La cuestión no es, pues, que estén solo los trabajadores que hacen falta, sino además donde hacen falta. De ahí la urgencia de reacomodar plantillas que promuevan el incremento de la productividad y la calidad, y además se modifique paulatinamente la estructura del empleo, a tono con áreas de la producción y los servicios de mayor impacto social.

Son medidas que en su esencia se pueden comprender —como se evidenció en la discusión de los citados Lineamientos—, aunque a algunos se les antojen traumáticas, sobre todo por dos razones:

El empleo llegó a ser un derecho «natural» para la mayoría de nuestros ciudadanos, a pesar de que al mismo tiempo criticamos los excesos de plantilla que percibíamos cuando llegábamos a muchos organismos, establecimientos, oficinas y otras áreas de cualquier centro laboral, donde veíamos trabajadores perdiendo el tiempo.

Por otro lado, el reordenamiento laboral toca el bolsillo y el sustento de muchas personas. En lo adelante todos habremos de apreciar mejor la oferta laboral de que dispongamos.

A ello le sumaría, como una tercera razón, lo difícil que es para algunos comprender y llevar a cabo la actividad por cuenta propia u otras alternativas de empleo no estatal, con exigencias que se nos antojan diferentes a aquellas para las cuales fuimos formados en la Universidad o en otros niveles del sistema educacional. Y en realidad ningún cambio de este tipo es fácil…

No hace mucho conversaba con dos personas: una de ellas quedó disponible en su centro de trabajo y la otra permanecerá en su puesto. La primera comentaba lo duro que le ha sido entender su situación, a pesar de que considera justo el proceso realizado en su entidad, donde «sobraba gente», según me dijo. La segunda señala que hace ahora lo que antes era el contenido de «tres plazas» y no tiene descanso en las ocho horas de trabajo.

«El asunto es que el trabajo y el empleo que uno tiene o puede buscar, hay que verlo ahora de otra manera», coincidían ambas. «Con el Estado o por cuenta propia, la cuestión es trabajar y hacerlo bien para alimentar y atender la familia».

Estoy de acuerdo con ellas, porque creo que de eso es de lo que se trata: de cambiar para resolver un problema muy serio que afecta al país y que de alguna manera también nos afecta a nosotros. Y comenzar, sin dudas, por modificar nuestra forma de pensar.

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