La ética del economista cubano

Autor:

José Alejandro Rodríguez

¿Cuál debe ser la postura del economista ante los serios desafíos que tiene hoy el proceso de actualización del modelo económico cubano, en el cual se decide el futuro de la Revolución y el socialismo? ¿Qué es ser un profesional revolucionario de la economía hoy? ¿Un simple y rutinario repetidor de frases hechas y consignas? ¿Un conformista? ¿Un dócil asalariado del pensamiento oficial —como nos alertara el Che— o un talento solo comprometido con los principios de nuestra sociedad?

Nunca como hoy se requiere de la ética, la honestidad y la valentía del economista, el contador y el auditor, para dar el vuelco racional y realista que requiere la economía cubana en pos de alcanzar las tan urgidas eficiencia y eficacia, sin abandonar los principios de justicia social.

El VII Congreso de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba (ANEC), que viene celebrándose ascendentemente desde las bases y tendrá sus sesiones finales los días 13 y 14 de junio de 2013, nos está demostrando el potencial ético y moral de esos profesionales, ajenos a oportunismos y conveniencias personales, y fieles siempre al ejercicio responsable y amoroso de la crítica y la autocrítica.

Primero con la convocatoria al debate masivo de los Lineamientos junto al pueblo, y ahora en la implementación de los mismos —que es un objetivo permanente y dialéctico—, la Revolución ha necesitado como nunca antes que el arsenal teórico y conceptual de nuestros profesionales se exprese en contribuciones sustanciales al progreso de la actualización.

La ética del economista y el contador cubanos pasa hoy por el compromiso con la verdad y el criterio. Por la moral revolucionaria y no la complacencia de eludir la problematización y el enfrentamiento a todo lo que malogre, dilate, distraiga o distorsione los grandes objetivos de renovar nuestro socialismo y hacerlo invulnerable.

No podemos obviar que, en el seno de la sociedad cubana, se registran ciertas tendencias acomodaticias apegadas al burocratismo, la corrupción, la tradicional administrativización de la economía y otros métodos perniciosos, que se resisten a los cambios descentralizadores y fortificantes de nuestro socialismo.

La ANEC ha exhortado a todos los profesionales de la economía, afiliados a ella o no, a unirse en el propósito de convertir a esa fuerza intelectual en un valladar infranqueable contra lo que entorpezca el proceso de transformaciones que vive hoy la Revolución.

Ni la doble moral, ni la simulación y el desaliento, podrán tener cabida entre los economistas y contadores. La gran tarea de demostrar definitivamente, más con resultados que con palabras, la superioridad del socialismo, requiere del argumento, el análisis, la fundamentación y hasta la discrepancia y la polémica. En todo caso, si hay una intolerancia salvable, debiera ser contra todo lo que pretenda malograr el anhelo de una economía sólida y justiciera, «con todos y para el bien de todos».

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