La equivalencia del agua

Autor:

Nelson García Santos

Acostumbramos a informar siempre sobre la cantidad de millones de metros cúbicos de agua embalsada por las presas a nivel nacional o territorial, en especial ante el peligro del azote de los ciclones o en medio de intensas lluvias, sin revelar exactamente qué se puede hacer con ese volumen.

Obviamente, muchos asumimos que el lector sobrentiende que serán dedicadas al riego agrícola, y al abasto de agua a la población y la industria.

Pero, expresado de esa manera, muy pocos, tal vez solo los especialistas en la materia, saben realmente para qué y hasta cuándo puede alcanzar el volumen atesorado, porque falta incluir el dato esclarecedor sobre lo que se puede hacer con esa cantidad, información que también puede contribuir a la cultura del ahorro.

En realidad esa equivalencia entre lo que significa el agua represada y la posibilidad de regar tantas hectáreas o abastecer el acueducto durante tanto tiempo, brilla por su ausencia. Ya sea debido a la premura informativa, a la tiranía del espacio o a la costumbre de excluirlo, el caso es que tampoco solicitamos a la fuente ese dato, capaz de mostrar cabalmente qué significan tantísimos millones de metros cúbicos.

Tampoco resulta necesario especificar cada uno de los usos que se le va a dar, pues basta con exponer las mayores demandas para tener una idea aproximada de lo que representa ese caudal que muchas veces se despilfarra.

Saldemos esa deuda, aunque sea a medias, con el ejemplo de la provincia de Villa Clara. El último torrente de agua, asociado al huracán Sandy, incrementó el volumen de las presas hasta 945,1 millones de metros cúbicos —el 93,4 por ciento de la capacidad total—, de los cuales solo pueden utilizarse 782 millones, a fin de dejar una reserva por si sobreviene un año seco.

Esa cifra, calificada de favorable por la Empresa de Aprovechamiento Hidráulico de Villa Clara, permitirá satisfacer la demanda del preciado líquido en la provincia durante el próximo año, que asciende a 668,5 millones para diversos empleos.

Eso significa que, para cumplir la demanda de los usuarios, estatales y privados, se va a emplear el 85 por ciento de los 782 millones, precisó José Pérez Álvarez, especialista principal de la Empresa de Aprovechamiento Hidráulico de la provincia.

En este territorio las mayores cantidades se utilizan en el riego en la Agricultura (130,9 millones), la Empresa Azucarera (122,6), la hidroeléctrica de la presa Hanabanilla (118,3), el acueducto (67,6) y la acuicultura (23,2).

En la concreta, por ejemplo, con esa cifra se pueden regar 20 000 hectáreas de caña, 9 350 de arroz, 2 200 de pastos; abastecer diariamente mediante el acueducto a 200 000 personas y producir 62 600 megawatt de energía eléctrica en la Hanabanilla.

También destinan 56,5 millones a mantener un caudal mínimo en los ríos aguas abajo de los embalses y, según cálculos, se pierden más de cien millones en la conducción desde las presas hasta la entrega a los usuarios, por la evaporación, y la infiltración hacia el manto freático, que resulta alta por tratarse de canales de tierra con más de 30 años de explotación.

Como se aprecia, necesitamos muchísima agua para producir alimentos y garantizar el abasto a la población, de la misma manera que estamos urgidos de evitar esos grandes y pequeños despilfarros que día tras día merman nuestras reservas para ser mucho más eficientes en su empleo.

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