Me propongo vivir

Autor:

Mayra García Cardentey

Cuando a 2012 apenas le quedaban unos golpes de reloj, se me antojó idear mi propio memorando para 2013, una serie no meticulosa pero sí amplia de objetivos.

No quise predestinar un cronograma de vida para este año, pero al menos tengo la certeza de cómo quiero que sea, y dice Eduardo Galeano que así se comienzan a cumplir las buenas metas. Por eso para este 2013 pretendo:

En primera instancia, todavía estar aquí, en el sentido más físico, terrenal y espiritual de la palabra.

No atormentarme por lo que no tengo o puedo perder, por la vida que no será; aspiro a pensar mejor en cómo lograr esta existencia, la de ahora, la del hoy que depende de mi propia voluntad.

Ser buena con quien no lo he sido, estar para quien no he estado, dar desinteresadamente lo que no me sobra.

Asumir que persuadir no es lo mismo que intercambiar, que ganar no sabe tan bien, si no se ha sufrido la cuesta.

No preocuparme por lo que he dejado de hacer, sino pensar en cuánto haré, aunque a veces no sepa cómo.

No implorar a alguna gente que comprenda el valor de un abrazo, de una caricia, de un buen trato, y no esperar a que lo necesite para darle uno. No abogar por calidad de vida, sino por calidad del hombre.

Ver la educación no por lo que se enseña, sino por lo que nuestros alumnos aprendan y apliquen para sus vidas.

Mirar la historia no por los que ya han sido, sino por lo que seremos nosotros a través de ella.

No permitir que los tiempos se conviertan en amnesia para nuevos errores y recuerdos frustrantes, y sí en pautas de cuánto nos queda por hacer.

No confundir el arte con artesanía, la comunicación con arenga, lo popular con marginal, la política con demagogia.

Pensar que somos de la Naturaleza y no ella nuestra, y lo que le hagamos nos lo hacemos a nosotros mismos.

No esperar solamente por el tiempo de cada cosa, sino hallarles el momento a algunas que «aparentemente» no lo tienen.

Respetar la idiosincrasia, la mezcla, el ajiaco de sexo, raza, identidad, aunque a veces no comprenda el porqué de algunas sazones.

No solo proponer el cambio, sino vivirlo. Ser sujeto y no objeto de mi sociedad, no ser simple espectadora, sino protagonista, saltar de la epidermis y de los sustratos superficiales.

Creer en Cuba por encima de todo, hasta el final, confiar en la causalidad de ser cubana y no en la suerte de una ruleta biológica.

Amar tremendamente sin desechar espacios, momentos y formas, sin mutilarme por concepciones patriarcales y machistas. Simplificar la existencia en las cosas sencillas de la vida, que de hambre de amor ya nadie habla.

Existir y luego pensar, que de tanto que pensamos a veces perdemos tiempo de vida. Es más, resumo todo: mejor me propongo vivir.

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