La crisis: nuestra mejor arma - Opinión

La crisis: nuestra mejor arma

Autor:

Mayra García Cardentey

La crisis constituye la mayor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. Pareciera de «chiflados» aseverar semejante idea: Albert Einstein fue ese «loco» que lo aseveró a mediados del siglo XX.

El notable físico no necesitó descifrar difíciles problemas para hallar tamaña verdad: solo en tiempos arduos los hombres encuentran las mejores soluciones.

Decía el creador de la teoría de la relatividad que la creatividad nace de la angustia; en la crisis surgen la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias.

A estas alturas de la sociedad cubana actual, ¿quién lo duda?

El bloqueo, la crisis económica mundial, la interna y los nodos que la componen, lejos de ser solo un lastre, un impedimento para el completo desarrollo del país, han permitido encontrar caminos, soluciones.

Podemos hacer de la crisis nuestra mejor arma. Tratando de superarla hemos dado el máximo de nosotros y de este país: se ha reinventado el invento cada día, se ha imaginado y articulado a una Cuba mejor, se ha innovado más que piezas de repuesto y fondos para la sustitución de importaciones. No se ha cejado en avanzar, romper la frontera y no quedar superados por la crisis.

A quien la ve solo como el enemigo, a quien se escuda en ella para justificaciones inconsecuentes de malos procederes y pretensiones nefastas de un país mejor que a veces aparenta no llegar por «culpa» de ella, la crisis le pasa la cuenta.

Ya lo dijo el propio genio alemán, que quien le atribuye sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones.

La única dificultad de verdadera importancia es la mediocridad y la incompetencia que a veces nos rodea, esa que se confunde en la mixtura de direcciones de empresas, de quienes acorralan sus ineptitudes apuñalando al país y pasándole la cuenta al bloqueo, a la crisis.

La dificultad no es el problema; el verdadero dilema es potenciar la asunción de posturas inteligentes, transgresoras y revolucionarias en las personas y los países.

No se puede superar la adversidad si se asume el cambio como un proceso de ruptura y no de continuidad, como un fenómeno aislado y no un ente natural de la propia existencia. Salvarnos de los problemas, avanzar, e incluso retroceder, cambiar, en fin… es un proceso normal, cíclico, lógico; hoy no somos los mismos de ayer; mañana no estaremos ni cerca de lo que somos hoy.

Somos hijos de los cambios, somos hijos de las crisis, tenemos su ADN. Y es que sin problemas, sin desafíos, una nación sería una aburrida e irreal historieta, una rutina adoquinada; sin el constante reto de superarse, de enfrentar murallas, la vida sería una tranquila agonía sin sobresaltos, méritos, logros.

Lo mejor de cada ser aflora en momentos como estos: sin la disyuntiva del frío no existiera el fuego; sin el problema de la oscuridad, no tendríamos hoy luz eléctrica; sin la necesidad de movilidad andaríamos aún por nuestros propios pies y la rueda sería sueño de locos.

Es hora de echar a un lado la mentalidad obtusa, de abofetear al sedentarismo social, callar la crisis o volverla comodín de nuestras ineptitudes. La única crisis que no podremos nunca permitir es la de no querer luchar por superarnos.

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