La razón de un método - Opinión

La razón de un método

Autor:

Julio César Hernández Perera

Al filo de la medianoche el enfermo acudió al servicio de urgencia de un hospital de La Habana. No tuvo otra salida después de soportar por varios días un malestar irresistible.

Le refirió al médico de guardia —después del saludo— que tenía una sacrolumbalgia y que no mejoraba desde hacía varios días a pesar de los tratamientos, algunos de ellos a base de fuertes y costosas inyecciones.

El interrogatorio médico continuó salpicado con gestos de dolor por parte del enfermo, mientras el galeno descubría algo que en los últimos tiempos ha percibido con alarmante reiteración: la crisis del método clínico y el «síndrome del recomendado». Estos dos últimos se dan las manos en contra del dolido.

Se continuó con el examen físico, y mientras transcurría este acto, el paciente no dejaba de repetir cada cierto tiempo: «¡Es una sacrolumbalgia! Me han visto varios médicos amigos».

«Usted no tiene esa enfermedad. ¿Lo reconocieron anteriormente? ¿Cómo le hicieron ese diagnóstico? Usted tiene otro problema: un nervio lesionado», fueron las conclusiones del galeno al culminar su evaluación integral.

Para quienes no son médicos, estas acciones sucesivas —algunos las definen como una rutina médica—, ejecutadas por el médico de guardia, forman parte del método clínico.

El paciente, visiblemente apenado, reconoció que el diagnóstico erróneo se lo había planteado él mismo. Confesó, además, que hasta ese momento todos los «especialistas» que lo habían visto asumieron como tal su dictamen y no solo cometieron el desliz de confinarse a un fútil interrogatorio, sino que dejaron de examinarlo. En otras palabras, no lo tocaron.

No es primera vez que en la práctica médica se viola lo que nunca será sustituido por la tecnología y las «adivinanzas»: el método clínico. Y es que muchos dejan de ver a la Medicina como una ciencia y, a la vez, como un arte.

Siempre será ciencia porque hurga en los fenómenos relacionados con el proceso salud-enfermedad, hasta lo más recóndito de su naturaleza. Asimismo, seguirá siendo arte porque ostenta una infalible carga emotiva y se sirve de un discernimiento donde gravitan los conocimientos, la sistematicidad, la pericia, la inteligencia, la paciencia, la empatía y especialmente la humanidad del médico.

Este tema que traigo a colación es ampliamente debatido por muchos profesores en la actualidad. Ha llegado a afirmarse que asistimos a una «crisis del método clínico», con consecuencias preocupantes para el ejercicio de la Medicina: deterioro de la relación médico-paciente, desestimación del valor del interrogatorio y del examen físico, así como exagerada valoración de lo tecnológico, y creciente desinterés por la Medicina Interna y de atención primaria de salud.

A lo anterior se suma otro problema: «el síndrome del recomendado», definido como la presentación de imprevistos y complicaciones inusuales en enfermos que han sido recomendados por motivos que no guardan relación exactamente con la práctica médica como ocurrió con el paciente al que aludimos en el inicio de este texto.

¿Por qué sucede este hecho? Ante estas personas muchas veces se pierde la práctica habitual como si con ellos no fuera apropiado o conveniente seguir, como en cualquier otro paciente, los mismos pasos del método clínico por tener un quimérico aviso «VIP» (persona muy importante). ¡Gran error!

El médico de guardia de nuestra historia estuvo al tanto del enfermo —posiblemente él no lo supiera— y de su convalecencia por una afección correctamente diagnosticada en una medianoche durante una guardia médica. A pesar de que el final fue afortunado, vale la pena recordar que el diagnóstico certero se hizo tardío y con ello se prolongó indebidamente un dolor y se gastaron más recursos de los que realmente hacían falta. Y todo por olvidar el método clínico, que siempre convertirá al médico en un eficaz adelantado.

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