El contrapeso popular - Opinión

El contrapeso popular

Autor:

José Alejandro Rodríguez

Un silencio muy preocupante ha concitado la edición especial de la columna Acuse de Recibo que, bajo el título Los prestidigitadores del engaño, ocupara una página completa de Juventud Rebelde el pasado 6 de junio, narrando las peripecias de una especie de Quijote habanero con una balanza electrónica a cuestas, frente a los usurpadores del bolsillo ciudadano.

Como si nada hubiera sucedido. Como si hubiera que resignarse a la desprotección al consumidor que vivimos, por la impunidad con que operan los esquilmadores del ya de por sí tenso poder adquisitivo del cubano.

El tema del engaño al consumidor, el fraude y tantas triquiñuelas inmorales en el comercio minorista —ya en pesos o en convertibles— ha sido permanente denuncia en esa columna. Pero esta vez quisimos revelar el problema con énfasis mayor, por medio de las múltiples experiencias de un defensor del consumidor «por cuenta propia».

Era tan profusa la denuncia en cuanto a los ardides más comunes para «tumbarte» algo siempre en las balanzas, que esperábamos —oh, ilusos— una respuesta institucional abarcadora y definitoria ante un mal que está minando nuestra sociedad, tanto en los bolsillos como en el alma. Ni siquiera una llamada telefónica a la dirección de JR, para decir: Leímos, responderemos…

Las cartas que llegan a Acuse de Recibo revelan la impotencia ciudadana ante múltiples problemas que nos atenazan y entorpecen el buen camino de los cambios que deben salvarnos. Ellas señalan una complicada urdimbre cotidiana de trampas, arbitrariedades e indisciplinas institucionales y públicas que alimentan un fermento pernicioso y paralizante en nuestra sociedad. Y no pocas veces el ciudadano se siente desprotegido ante las fuerzas del mal.

Las respuestas gubernamentales, de organismos e instituciones estatales que llegan cuando se revelan las denuncias, casi siempre son tan puntuales, tan de primeros auxilios, que quedan en la separación de fulano o la sanción a mengano allá abajo, eso cuando realmente se toma alguna medida. Respuestas a remolque, al paso. Sin ir a la raíz del problema.

Los cambios que Cuba registra propenden a una mayor diversidad de formas de gestión económica y a descentralizar funciones y potestades. Ello conlleva una reconsideración de su cuerpo legislativo y normativo. Pero el tránsito en que se deja algo y se incorpora esto otro, no puede registrarse en medio de la impunidad, la ilegalidad y el desafuero.

Las historias que se relatan en Acuse… revelan, más allá de lo factual y lo particular, tendencias negativas que se han entronizado en nuestra sociedad; y que, hoy por hoy, son el reservorio de las retrancas, parálisis y entorpecimientos al espíritu de cambios que sustancian los Lineamientos del Partido y la Revolución.

Ese sí es un serio problema ideológico, que puede ir menguando la confianza del pueblo en las instituciones y generar incertidumbres e inmovilidad. Es por ello que, nunca como hoy, la sociedad cubana requiere un empoderamiento popular, desde esa masa que ha sostenido esta Revolución en las verdes y en las maduras.

La descentralización y diversificación que se registra ya en lo económico, inevitablemente tendrá reflejos en lo social y en la forma de gobernar. El burocratismo y la desmedida centralización de los poderes institucionales hoy son un obstáculo a la participación ciudadana. La gestión estatal e institucional necesita el contrapeso del control popular en todos los órdenes, encabezado por la vanguardia partidista. Que el Poder sea verdaderamente Popular.

No es hora de silencios ni de complacencias. Hay que desatar los nudos que paralizan el avance de la democracia socialista, en la misma medida en que se liberan las fuerzas productivas. Es la única manera de «salvar la Revolución y el socialismo», y no minimizar ese desafío histórico en una mera consigna que nos adormezca.

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