¿Cien metros a la cañona?

Autor:

Abdul Nasser Thabet

El ser humano es competitivo per se, ambicioso y hasta inconforme. Por ello, en dependencia de la interpretación, del uso y abuso que le demos a estas condiciones, a veces inherentes a nuestra propia naturaleza, podemos catalogar e incluso enjuiciar a no pocos individuos, ponerlos en el saco de los buenos, o en el de los malos —por desgracia también funcionamos con estereotipos—. El deporte potencia dichos atributos, los multiplica y los sirve como necesidades para el mejoramiento, y por ende, la gloria. Entonces, buscando al hombre y a la mujer perfecta, al ser más fuerte, el más rápido, el invencible, muchas veces nos perdemos en la bifurcación de lo correcto y lo anhelado a toda costa, cegados por una imposición creada para entretener a las masas, al tiempo que llena no pocos bolsillos. «Nuevamente la “muela” del doping», dirán muchos. Sí, aunque la curiosidad de hoy señala al atletismo como antagonista de nuestra historia, y a la prueba de los 100 metros planos ondeando una bandera lamentable, que incita a la duda cada vez que un nuevo récord provoca alaridos.

Ocho, lean bien, ocho de los diez hombres más veloces del hectómetro han estado involucrados en escándalos por dopaje. La lista de las mejores marcas históricas ha tenido que rehacerse una y otra vez.

Solo el marciano-jamaicano Usain Bolt (9,58 segundos-récord mundial) y el estadounidense Maurice Green (9,79) en su momento también plusmarca universal) escapan del «escalafón maldito».

Ya conocen el reciente caso del norteamericano Tyson Gay (segundo del top ten (9,69) y los jamaicanos Asafa Powell (cuarto con 9,72 y atrapado por inyectarse oxilofrina) y Nesta Carter (séptimo con 9,78).

Antes ya habían sonado Yohan Blake (Jamaica, tercero con 9,69 y suspendido en 2009 por metilxantina); Steve Mullings (décimo con 9,80, cazado hace dos años por furosemida); y el canadiense Ben Johnson (octavo con 9,79, atrapado durante 1988 y desbordando estanozolol en sangre).

También descuellan negativamente los estadounidenses Justin Gatlin (quinto con 9,77, en 2006 por testosterona) y Tim Monstgomery (sexto con 9,78, «pescado» en 2002 por THG).

Lo curioso es que la mayoría de estos tramposos comparecieron ante un tribunal años después de haber encandilado al orbe, cuando ya eran medallistas planetarios u olímpicos, y tenían millones de seguidores, confiados en su talento y pureza.

Ahora el dicho pudiera cambiar drásticamente: «¿todo el mundo es culpable hasta que se pruebe lo contrario?». Algunos pudieran ofenderse, pero llega el momento en que el cuerpo no aguanta más, brotan los límites como viejas cañerías sin remedio, y entonces, casi a la cañona, queremos seguir mejorando.

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