EE.UU.: El «gran hermano» te vigila

Autor:

Lázaro Fariñas

Los Estados Unidos han vendido al mundo que ellos son los campeones de los campeones de las libertades civiles de sus ciudadanos. Según los voceros del Gobierno de este país, ellos pueden dar lecciones a todas y cada una de las naciones acerca de cómo se deben respetar los derechos humanos. Aquí sí que hay democracia de la buena, dicen.

Todo esto fuera magnífico si esas afirmaciones no estuvieran viciadas. Es verdad que en este país hay tres poderes que son los que representan al Estado y es verdad que en papel son independientes el uno de los otros. El Presidente no llama a un juez para decirle la condena que debe aplicar en un caso determinado, ni a un legislador para que apruebe tal o más cual ley. Por supuesto, mientras que todo sea dentro del sistema existente, lo que en inglés le dicen el stablishment, ninguno de los miembros de los tres poderes interfiere visiblemente en el otro. Aquí todo el mundo sabe jugar con la cadena, pero a nadie se le ocurre tocar al mono.

Pero cuando, en diferentes épocas de la historia de esta nación a alguien o a un grupo de ciudadanos se le ha ocurrido salirse del carril, inmediatamente los tres poderes han cerrado filas y se han convertido en uno solo. El Congreso ha hecho las leyes, el poder ejecutivo las ha firmado y el poder judicial ha puesto a cada uno en su lugar. Más claro, ni el agua: con el stablishment no se juega. Pasó cuando la Guerra Civil, pasó en la Gran Depresión de los años 30 y también pasó cuando la guerra contra Vietnam.

Por supuesto que aquí el ciudadano tiene un espacio libre en donde moverse sin tener que pagar las consecuencias, pero la realidad es que ese espacio se ha ido estrechando cada vez más, y ahí están las fuerzas represivas para indicar a los ciudadanos que no se pasen de la raya, porque si lo hacen, les cantan el cantico con el cual jugábamos cuando éramos niños y que dice: «Al sun sun, de la calavera, al que se mueva le doy una pela…».

Después de los criminales ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, los tres poderes se volvieron uno y empezaron a estrechar aun más el pequeño espacio que teníamos. No creo que la famosa Ley Patriótica fue aprobada solamente porque haya estado gobernando en esos momentos un selecto grupo de la ultraderecha reaccionaria de este país. Estoy seguro de que algo bastante parecido hubiese sido implantado aunque los liberales hubiesen ostentado el poder.

Fue muy traumático lo que ocurrió aquel infame día, pero nunca se debieron tomar medidas tan drásticas para tratar de evitar que algo similar volviera a ocurrir. En derechos civiles, la limitación ha sido exagerada. Es como si todos los ciudadanos de este país fuéramos sospechosos de ser terroristas.

Los ejemplos de los casos individuales en los que esas exageraciones han ocurrido son innumerables. Hay que pensar dos veces para montarse en un avión hoy en día. Pasar por los controles de seguridad es un verdadero tormento. Lo mismo se registra a un niño que a una anciana. Uno está obligado a quitarse los zapatos, el cinto, el saco del traje y todas las cosas que lleva en los bolsillos, pero no se queda ahí, también lo pasan a uno por una especie de rayos X en donde lo desnudan electrónicamente. Lo mejor es ni hablar en las largas filas que se forman en cada uno de los puntos de control de los aeropuertos o puertos del país, ya que si por casualidad uno dice una palabra mal dicha o es mal interpretada, queda expuesto a que lo separen de la fila y lo lleven a un cuarto de interrogatorio.

En las grandes ciudades, en casi todas las intersecciones, existe una cámara de seguridad que vigila el andar de los ciudadanos, iguales a las que existen en los supermercados, centros comerciales, edificios de oficinas, etc. Desde que uno sale de la casa está vigilado. En la vía pública, uno es un delincuente en potencia. Pero, ¿qué es lo que está pasando en el interior de las casas? Pues lo mismo. Las llamadas telefónicas son monitoreadas —las veces que llamas a un número telefónico aquí o en el extranjero— y si lo creen necesario, lo que hablas en esas llamadas; el Internet controlado y todas las páginas sociales que se han abierto en los últimos años se han convertido en el juego de video de un «gran hermano» que te vigila.

Entonces, si toda esta vigilancia está pasando y si los tres poderes se convierten en uno solo cuando lo creen necesario, ¿de qué son campeones?, ¿con qué moral dan lecciones y exigen a otros países? Lo que debe hacer el Gobierno de EE.UU. es acabar de decir públicamente que todos los Gobiernos tienen el derecho de defender sus sistemas y que nadie es mejor que nadie para criticarlos.

*Periodista cubano radicado en Miami

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