Un recordatorio a propósito de otra guerra anunciada - Opinión

Un recordatorio a propósito de otra guerra anunciada

Autor:

Juana Carrasco Martín

Pasar algunas páginas de la historia y ver qué se dijo en algún momento resulta necesario, y el periodista Eric Garris, en el portal web antiwar.com, acaba de hacerle ese favor a la humanidad en una breve información que tituló: Biden amenaza con el impeachment (acusar y llevar a juicio) al Presidente si él lanza un ataque sin la autorización del Congreso.

Se trata nada menos que de Joseph Biden, el vicepresidente de Barack Obama, solo que esa advertencia —que bien puede hacerla en esta oportunidad en que tienen todo listo para agredir a Siria, aun si la ONU o los legisladores estadounidenses no dan el visto bueno—, la hizo hace seis años, cuando el entonces mandatario de EE.UU., George W. Bush, estaba a punto de iniciar una guerra contra Irán, con el pretexto de que el país persa poseía el arma nuclear o estaba fabricándola.

Hoy, el argumento contra la Siria que gobierna Bashar al-Assad y que resiste desde hace más de dos años la embestida de los grupos mercenarios terroristas enmascarados en una oposición armada, también tiene todos los vestigios de la mentira engañosa.

Washington busca el Sí de una ciudadanía estadounidense con poca disposición a una nueva guerra, y la anuencia internacional de sus socios, aliados y compinches en las aventuras bélicas de un imperio que no vacila en promover el holocausto de pueblos del Medio Oriente y centroasiáticos, con tal de mantener sus intereses geoestratégicos, políticos y económicos, fundamentalmente en lo relacionado con las fuentes energéticas y sus líneas de transportación.

En el 2007, Joseph Biden presidía el comité judicial del Senado, donde hasta ese momento había ocupado un escaño durante 17 años, y estaba dispuesto a hacer valer los mandatos de la Constitución y la separación de poderes, y le explicó al periodista Chris Matthews, en su programa Hardball, de la cadena televisiva NBC, que había escrito una pieza oratoria para darla a conocer en el Senado, puntualizando que «el Presidente no tiene autoridad constitucional… para llevar a esta nación a una guerra contra un país de 70 millones de habitantes sin que hayamos sido atacados o sin que haya una prueba de que nosotros vamos a ser atacados. Y si él lo hace, si lo hace, yo me movería para acusarlo (impeach him). La Cámara obviamente tiene que hacer esto, pero yo lideraría un esfuerzo para acusarlo. Para mí, la razón de que yo haga esto, y no lo digo a la ligera, no lo digo a la ligera, lo digo porque ellos deben entender que con lo que están amenazando, lo que están diciendo, lo que puede ser, lo que parece ante el resto del mundo que nosotros vamos a hacer, yo pienso que puede ser la más desastrosa cosa que puede ser hecha en este momento de nuestra historia».

Sin dudas, Barack Obama y su vicepresidente Joseph Biden debieran pensar un poco en aquella declaración, porque no se trata de si está dirigiendo los destinos de una nación el republicano o el demócrata. Estados Unidos está en una disyuntiva donde debiera pensar que no puede violar sus propias leyes, sus fundamentos constitucionales y la razón misma de una intervención sin sentido, sino que tampoco puede llevar al mundo a una nueva matanza de amplitud regional o hasta mundial, guiado por su prepotencia, egocentrismo, turbios intereses y bajos instintos, que emanan de su condición de potencia.

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