Desde la galaxia la recesión no se ve - Opinión

Desde la galaxia la recesión no se ve

Autor:

José Luis López

Desde hace mucho tiempo, a los jugadores del club español de fútbol Real Madrid les llaman «galácticos», como un símil comparativo con el brillo de las estrellas sobre una cancha de juego. Pero realmente así se debería tildar a sus directivos, encabezados por el presidente Florentino Pérez, quienes parecen habitar en la mismísima Galaxia, alejados de los serios problemas que aquejan a ese país europeo.

Mientras la recesión que actualmente golpea sin miramientos a Europa, crece con denuedo en España, el club «blanco» acaba de darse el lujo de gastar —léase bien— ¡91 millones de euros! en el fichaje del excepcional extremo izquierdo galés Gareth Bale. Así, el joven de 24 años, 1,83 metros de estatura y 74 kilogramos de peso, se convierte en el segundo más costoso en la historia del club, solo «superado» por los 96 millones que le dieron en su momento al delantero portugués Cristiano Ronaldo.

Bale era plantilla del equipo inglés Tottenham Hotspur, que a principios de agosto pedía por él cien millones de euros. ¡Como si eso fuera beberse un vaso de agua! Y aunque en un primer momento Pérez admitió que esa suma le parecía mucho, después lo arregló todo y consiguió una pequeña «rebaja».

Es evidente que a Florentino muy poco le importa que España sea un país en el cual el desempleo cifre el 26,3 por ciento de la población en edad laboral y los recortes sociales estén a la luz del día. Tampoco que cientos de miles hayan perdido sus viviendas por la imposibilidad de pagar las hipotecas o el alquiler —desde que inició la crisis en 2008 y hasta finales de 2012, el número de desahucios habría superado los 171 000, según el movimiento social Plataforma de Afectados por la Hipoteca. Su objetivo es llevar a filas a un jugador capaz de aportar en busca de la décima Copa por la Liga de Campeones de Europa. Nada más. Su negocio es el equipo, y con la gloria llegarán jugosos contratos por concepto de anuncios publicitarios, venta de implementos y vestuarios… Que del pueblo se encarguen otros.

Y aunque parezca absurdo —y no lo es—, la inmensa mayoría de los hinchas madridistas apoyan esas decisiones, exponiendo que el club es una empresa privada y puede hacer lo que quiera con el dinero que tiene (a la usanza de los tiburones de la bolsa de valores y otros burgueses, podridos en dinero, quienes gastan en excentricidades de todo tipo mientras los trabajadores que han perdido su casa y trabajo miran al futuro económico con total incertidumbre). Los hinchas son eso, seguidores de su adorado equipo de fútbol. Su lucha, entonces, la dirigen contra el partido gobernante.

Entretanto, lean este dato brindado por el economista español José María Gay de Liebana: «El fútbol profesional español combinó deudas de 5 400 millones de dólares, mientras que las del Real se aproximan a 800 millones de dólares».

El caso Bale toma matices de tragicomedia griega. El argentino Gerardo, «Tata», Martino, entrenador del Barcelona —archirrival del Real Madrid—, dijo en una conferencia de prensa: «Bale es un muy buen jugador, pero las cifras son una falta de respeto al mundo en general». Y ahí mismo llegó la respuesta del italiano Carlo Ancelotti, técnico del Real Madrid: «Él (Tata) no lleva mucho tiempo aquí y no entiende ni el fútbol europeo ni cómo funciona su propio club, porque el Barcelona ha comprado sus jugadores pagando mucho dinero».

Y mientras al veloz Bale solo le queda demostrar a puro gol que «valió» la pena pagar tanto por sus habilidades, nos podríamos preguntar hasta dónde llegarán esas cifras millonarias, este fútbol que es un brazo de la economía casino, con millones de seguidores hipnotizados y, lo más terrible, acaso distanciados del reino de este mundo.

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