Más allá del orden en el hospital

Autor:

Julio César Hernández Perera

En la puerta principal de cierto hospital capitalino un paciente se bajó de un auto para asistir a una consulta médica. Uno de los trabajadores de protección del centro le indicó de modo respetuoso: «Buenos días compañero, así no puede entrar…». El visitante vestía camiseta y short.

El rostro del «paciente», de aproximadamente 20 años de edad, se transmutó. Con conducta amenazadora, el requerido llegó incluso a echar mano a ofensas verbales contra quien, desde la puerta, tenía el deber de velar por el cumplimiento de la disciplina y el orden.

Acompañaba al joven bravucón alguien que parecía ser su padre, quien también se adhirió a la ensarta provocadora con gestos desafiantes. A pesar de todo, el encargado del orden mantuvo su ecuanimidad: la razón era su mejor arma.

El hecho no resulta insólito. Recientemente, en un ambiente familiar, afloraron anécdotas similares en diálogo con el prestigioso profesor Raúl Candebat, del hospital Hermanos Ameijeiras. Nuestros puntos de vista coincidieron en el daño que ocasiona la indisciplina social dentro de nuestros centros hospitalarios: duele ver cómo se margina la sensibilidad y se deteriora lo que con tanto esfuerzo destina el país para el cuidado de la salud de los cubanos.

El incidente tomado como ejemplo al inicio de este trabajo nos obliga a remitirnos al reglamento general de hospitales, establecido en el año 2007 por el Ministerio de Salud Pública. Este documento rector, aunque es consultado muchas veces por el personal de salud, casi siempre es desconocido por la población.

Al aludir a los deberes de las personas que visitan el hospital para recibir atención médica, visitar o acompañar a pacientes, así como para otras actividades dentro de la institución, el documento establece «mantener la disciplina, el respeto y el orden según las normas de conducta y convivencia hospitalarias».

Igualmente estipula «no visitar servicios y salas durante el horario de trabajo médico, pase de visita y descanso de los enfermos», así como «tener un trato cortés y respetuoso hacia pacientes, acompañantes, otros familiares y al personal de la unidad»; «no hacer ruidos innecesarios en cualquier área de la institución y respetar el descanso de los pacientes; mantener un adecuado porte y aspecto; contribuir a mantener una buena higiene y limpieza; no fumar; no pasar a las áreas de hospitalización, servicios de urgencias, consulta externa, medios diagnósticos, rehabilitación y otras unidades organizativas, sin autorización del personal asistencial».

Además, el reglamento exige «ajustarse a los horarios establecidos en cada servicio o departamento, incluyendo la permanencia como acompañante y en los cambios según las regulaciones internas; y cumplir las normas y reglamentaciones establecidas».

Un simple repaso de estos deberes hace pensar en el sinnúmero de veces que los mismos son transgredidos por personas irresponsables e indolentes.

En consonancia con este tema, el 25 de agosto del 2013 se informó, a través del periódico Tribuna de La Habana, acerca de las nuevas medidas organizativas establecidas en el hospital universitario Calixto García, de la capital. Estas tienen el propósito de hacer frente a la entrada desmedida de personas y vehículos al prestigioso centro.

Su director, el Doctor Carlos Alberto Martínez Blanco, explicó cómo se hacía imposible el adecuado gobierno del lugar como consecuencia del tráfico diario de hasta 50 000 personas y de hasta 200 vehículos. El abusivo trasiego generaba un turbio ambiente hospitalario que no solo entorpecía el trabajo médico, sino que también laceraba el bienestar de los enfermos e incrementaba el riesgo epidemiológico. Ni hablar del ambiente propicio para cometer hechos delictivos y otras indisciplinas.

Lo más importante fue el llamado que hacía el citado director a través del artículo periodístico, y que podríamos hacer extensivo a todo, de: «mayor colaboración (y disciplina) de la población, por el bienestar de nuestros pacientes».

El tema no es exclusivo del universo de la Salud: toca los hilos de la sociedad misma, tan necesitada de disciplina, cortesía y sensibilidad para avanzar. Donde haya río revuelto, grietas o atajos por los cuales sea posible burlar la premisa del control, habrá un escenario que pondrá en peligro nuestro sentido de bienestar y, por supuesto, de felicidad.

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