Una ráfaga divina

Autor:

Yuniel Labacena Romero

He tomado entre mis manos nuevamente Corazón, de Edmundo de Amicis, un libro que perdura en el tiempo y creo tan mío que a veces hasta lo prefiero a los de grandes autores de otras latitudes.

Al redescubrirlo, recordé que —fiel a su nombre— está escrito con esa cavidad palpitante que tenemos en el pecho, y quizá ello explique su amenidad y su desborde de valores y principios que en ocasiones se olvidan.

Pero sobre todo es un texto que hace pensar en todo lo que pierde una persona que no lee. En la actualidad Cuba se ubica por delante de muchas naciones en la producción editorial y ha conseguido que el libro se convierta en un objeto necesario. A pesar de ello, el hábito de leer hoy no ocupa un lugar en la preferencia de muchos contemporáneos, inconscientes quizá de cuánto puede aportar.

Los jóvenes siguen leyendo, mas no tanto como lo hacían generaciones anteriores. Ahora varios soportes compiten con el libro y la juventud está sujeta a un «bombardeo» mediático impensado años atrás. Sumemos a ello que muchos jóvenes dividen su tiempo en actividades diversas, aunque al lector de verdad no le sacan la lectura del corazón ni los guiños de la tecnología ni el frenesí de la vida.

El poco desarrollo del hábito de lectura también coadyuva al mal uso del idioma, a que se cometan faltas de ortografía y al insuficiente dominio de la historia y la cultura universales. A medida que una persona deja de leer, su capacidad de análisis disminuye y su vocabulario y repertorio de ideas empobrece.

Comenzar a leer desde edades tempranas desarrolla la capacidad de atención y concentración, deviniendo camino esencial para la actividad de pensar. En muchos casos, además, le sugiere al lector patrones de razonamiento, conductas y posiciones futuras. Amar la lectura y tener al libro cerca, como un buen amigo, es la mayor riqueza que podamos heredar.

El acto de leer es individual y libre: solo tú eliges la literatura que deseas. Leer mucho y un poco de todo puede enseñarte diferentes mundos. Se puede empezar por cualquier libro, y mientras más variedad de textos, más conocimientos.

La lectura no se impone, pero se debe facilitar y estimular por diversas vías, en consideración a su profunda trascendencia, un propósito al que contribuye el Festival Universitario del Libro y la Lectura (FULL), que desde el 2008 marca un renacer del amor por las letras y la cultura.

Se trata de ayudar a la nueva generación sin imposiciones ni obligaciones, fomentando en ella más bien el gusto por la literatura con lecturas de su agrado.

Esa fascinación la ejerce cada página de Corazón y cada edificante episodio del diario escolar del adolescente italiano Enrique.

El secreto de Amicis fue entregarnos un libro vivo, y haberlo hecho eterno desde la sencillez de un niño. Ello nos recordó a Martí: «un libro (…) es siempre un motivo de alegría, una verdad que nos sale al paso, un amigo que nos espera (y no nos traiciona), la eternidad que se nos adelanta, una ráfaga divina que viene a posarse en nuestra mente».

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