El diálogo, el silencio y el golpe - Opinión

El diálogo, el silencio y el golpe

Autor:

Osviel Castro Medel

CARACAS.— La noticia debió de haber cruzado, como un meteorito, el mundo; o al menos haber caído como pan caliente en las portadas informativas de los grandes medios del país: el presidente Nicolás Maduro convocó el martes a un diálogo nacional después de las elecciones municipales del 8 de diciembre (8-D).

En un país como este, al que insistentemente la prensa local tilda de polarizado, dividido, calentado, atomizado... una exhortación como esa era, en la hipótesis comunicacional de la inmediatez y la presunta «imparcialidad», un titular gigantesco.

Sin embargo, el miércoles casi ningún medio explotaba noticiosamente el anuncio. Diarios tan importantes como El Nacional, El Universal, o Últimas Noticias, dedicaban buena parte de sus espacios digitales a reflejar sucesos vinculados a la crónica roja (o de sangre), el arribo a Puerto Cabello (Carabobo) de electrodomésticos procedentes de China, y el regreso al país del candidato de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) para la alcaldía de Valencia, Miguel Cocchiola, enredado presuntamente en escándalos de usura, especulación y estafa.

Es decir, en la vida mediática, la invitación del mandatario pasó de largo, como ya había pronosticado un experimentado periodista de la televisión estatal; y es probable que caiga en saco roto. Primero, por esa premeditada «escondida de bola» de estos consorcios; segundo, porque la élite que conduce la oposición venezolana no quiere precisamente el diálogo, sino todo lo contrario: la confrontación y el golpe para hacerse con el Gobierno.

El Jefe de Estado llamó el martes por la noche, al inaugurar el Sistema Integrado de Monitoreo y Asistencia (SIMA) del municipio Sucre, en el estado de Miranda, a «todos los alcaldes y alcaldesas que sean electos legítimamente y en paz, a dialogar sobre los temas de la gente, sobre los sistemas de ambiente,  de la recogida de basura, la seguridad... sobre todo lo que le interese a la población».

Es decir, no se refirió a partido alguno. Y agregó que «en todos los sectores del país hay muchos problemas que se necesitan resolver con los alcaldes».

Entonces, esas palabras deberían ser tomadas por la llamada MUD, para demostrar que su eslogan de «Venezuela somos todos» no es una pamplina; o para llevar el asunto «hirviendo» a los medios después de ese silencio incomprensible.

Tal escenario demuestra entonces que la táctica del «golpe suave» sigue siendo la principal carta de la derecha para derrocar la Revolución, liderada hoy por Nicolás Maduro.

Es una estrategia que se repite cíclicamente: invisibilizar el llamado al diálogo, hablar de cambios, referirse a la «catástrofe» nacional y luego tratar de incendiar el país. Recordemos que en abril de 2002, incluso luego de aquel terrible golpe de Estado, el Comandante Hugo Chávez habló de perdón y de la necesidad de que todos los sectores pusieran toda la buena voluntad para «poder convivir en paz aceptando las reglas del juego, aceptando las normas de la convivencia ciudadana».

Sin embargo, meses después llegaba el paro petrolero y más tarde la llamada guarimba urbana, en ambos casos para deponer violentamente al mandatario. Jamás hubo diálogo verdadero, no había deseos de que ocurriera.

La historia se repitió muchas veces. En 2012, por ejemplo, en la Asamblea Nacional, el propio Chávez tendió la mano para la conversación con el otro bando político, a lo que uno de los más recalcitrantes personajes de la oposición, Julio Borges, contestó que «el diálogo no puede quedarse en palabras (...) tenemos a un Presidente que está 364 días del año dándole golpes a los medios, iglesias, ONG, otros países, peleando con todo el mundo y en la presentación de su balance nos dice por un día que quiere diálogo». Así falseó la realidad, y dio la espalda.

De modo que este nuevo ofrecimiento del Gobierno Bolivariano es probable tenga igual cauce. No hace mucho, el pasado sábado, la derecha encabezada por el  ex candidato presidencial Henrique Capriles convocó con vehemencia a tomar las calles de los «335 municipios», una propuesta que afortunadamente no caló lo suficiente, pero que en el estado de Táchira provocó hechos violentos contra ciudadanos que trabajan en dependencias estatales y estaban realizando la inscripción, en el registro único, de los pequeños y medianos comerciantes.

Así, con silencios y golpes latentes, descalificando constantemente la gestión gubernamental y sin hacer mucho por la nación, es bien fácil jugar a la democracia.

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