Tras la huella en vivo - Opinión

Tras la huella en vivo

Autor:

Roberto Díaz Martorell

El sonido de la sirena y las luces intermitentes del auto patrullero llamaron la atención de los vecinos —incluso de aquellos que nunca asisten a la reunión del Comité de Defensa de la Revolución (CDR)—, quienes se agolparon frente al edificio; unos, curiosos por ver a quién aprehenderían, otros para que nadie se los contara.

Pronto, sin embargo, descubrieron que los agentes del orden público llegaban para entregarle a un vecino varios objetos que habían sido robados de su vivienda. Entonces la curiosidad se transformó en júbilo.

Los vítores y aplausos que siguieron no eran para menos: los artículos habían sido sustraídos tan solo dos semanas atrás y ya se ofrecía una contundente respuesta. «¡Ahora los “rateritos” tendrán que “entrar por el aro”!», dijo emocionado uno de los presentes.

Gracias a la celeridad de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) en la Isla de la Juventud, con el apoyo de las organizaciones políticas y de masas de la comunidad, recientemente se recuperaron de manos inescrupulosas varios objetos robados, entre ellos televisores, DVD y accesorios, ventiladores y hasta dos turbinas de agua que abastecían a un edificio multifamiliar y a un consultorio médico.

No hacía falta —como entonces dijo una joven oficial del grupo de dirección de la PNR en este terruño— traer a los protagonistas del programa policiaco Tras la huella para poner las cosas en su lugar, sino mantener un método de trabajo eficaz en la comunidad, dirigido a la prevención y al fomento de virtudes.

Dar pasos firmes en el esclarecimiento de hechos delictivos y poner a los culpables a disposición de los tribunales es un punto importante en la confianza y el respeto del pueblo hacia quienes tienen el deber de velar por la tranquilidad ciudadana. Pero hay otra arista en este asunto, que no podemos olvidar y que depende de nosotros mismos. Y es que todos debemos contribuir a ese orden con acciones cotidianas desde nuestro entorno.

Buscar soluciones supone que identifiquemos antes los resquicios al delito y sus posibles causas. Aunque en un territorio como este se refuerza el enfrentamiento a los hechos delictivos, ha sido sabio aguzar constantemente los diagnósticos, que pasan también por lo social, frente a un fenómeno al que a veces le abren puertas la poca vigilancia cederista y la negligencia individual o familiar.

Importante será entonces cómo nos organizamos para no permitir que se transgreda la seguridad y la vigilancia, impidiendo con ello que se abran nuevas oportunidades a los oportunistas.

¿Se imaginan cuánta molestia causa a las familias que moran en un edificio el robo de su turbina por descuido de la guardia del CDR o porque estaba desprotegida? Es como para halarse los pelos, pero también hay que ser más previsores en el futuro.

Cuando Raúl nos llamó hace varios meses a enfrentar de modo enérgico los fenómenos negativos, el delito y las indisciplinas sociales, se refería además a colocar la prevención en un lugar esencial como forma de evitar la ocurrencia de fechorías. Sin duda, en esta cuestión también debemos ser más eficientes y disciplinados.

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