«Raros» por cuenta propia

Autor:

Yuniel Labacena Romero

El trabajo por cuenta propia gana terreno entre los jóvenes. No solo lo ilustran las cifras sino también el andar cotidiano por el país, en el que se ve a cientos de ellos elaborando o vendiendo alimentos, en el timón de taxis particulares, reparando celulares, en carretillas con productos agrícolas… ya sea como dueños de su negocio o como contratados.

Lo que años atrás era impensado porque no estaba contemplado dentro de la ley, hoy se ha convertido en una oportuna, necesaria y atrayente fuente de empleo que invita a crecer profesional, espiritual y socialmente. Datos del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social indican que el 32 por ciento de los cerca de 444 109 cubanos que se vinculan al trabajo por cuenta propia son jóvenes, lo que muestra la aceptación en este grupo etario de esta nueva forma de gestión.

Solo entre agosto de 2012 y noviembre de 2013, las cifras de jóvenes ocupados en esos espacios aumentó de 62 649 a 132 973. Ello es uno de los resultados más significativos de las medidas implementadas en los últimos meses, que también favorecen reencontrar lo que los estudiosos sociales llamaban «los eslabones perdidos»: aquellos jóvenes desvinculados del estudio y el trabajo, quienes ahora tienen otra forma de realización.

De esta manera, Cuba inserta a los más noveles en la actualización de su modelo económico, con una política que facilita su participación. El análisis no deja de reconocer —como reveló una investigación reciente del Centro de Estudios sobre la Juventud— que este grupo sigue prefiriendo trabajar con el Estado, como resultado de la superior protección, garantías y seguridad que todavía ofrece este ámbito, pese a los menores ingresos que a veces se tienen.

Este último es precisamente uno de los desafíos, porque ahora que los jóvenes están enrolados en otras formas de gestión que les brindan más dividendos económicos, además de autonomía y responsabilidad, es preciso prepararlos para una labor con interrogantes y prácticas nada parecidas a las que enfrentan quienes se desempeñan en puestos estatales. Ellos podrían sentirse más seguros con políticas de protección laboral como las que avanza el nuevo Código de Trabajo.

Los estudios refieren que para una parte importante de los jóvenes resulta gratificante vincularse en proyectos propios de trabajo, que les permiten desarrollar sus iniciativas, pero la plenitud en ese empeño será también más cercana si son acompañados en sus empeños, además de por la ley, por los organismos e instituciones que deben hacerla valer.

Las formas de participación y la inserción laboral en este sector no resultan siempre fáciles para los jóvenes, aun cuando ellos tengan interés para iniciar y consolidar cualquier proyecto por cuenta propia.

En muchos casos, por ejemplo, la oportunidad que asumen ahora las nuevas generaciones nada tiene que ver con las profesiones que estudiaron, lo que supone un dilema. Por ello es necesario atender diferenciadamente a los jóvenes que se incorporan al sector no estatal, y muy especialmente escucharlos y tomar en cuenta sus criterios e insatisfacciones.

Una política inteligente sería estimular su participación e integración en proyectos sociales y ofrecerles alternativas de superación en aquellas esferas laborales a las que se han vinculado.

Y se impone también el apoyo de la familia, ese eslabón tan importante a la hora de tomar decisiones, y medir ventajas y desventajas. Esta influye también en los valores, motivos y capacidades que le permitirán al joven una elección adecuada y un desempeño profesional exitoso, en ese momento que marca la salida de la etapa juvenil para acceder al mundo adulto.

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