Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

El pasto de las polillas

Autor:

Yuniel Labacena Romero

Que las polillas se coman los papeles viejos no es tan preocupante como que devoren las ideas nuevas. El papel no es barato —ya sabemos de dónde se obtiene—, pero más costoso resulta, tanto desde el punto de vista personal como social, perder las concepciones y razonamientos que sobre ellos se estampan.

Por eso preocupa que las gavetas se conviertan en el puerto final de indagaciones y estudios que merecerían mejor destino. Porque el papel le es imprescindible a la Cuba de hoy y del futuro, pero no tanto como los razonamientos que discurren sobre él.

No resulta extraño que miles de tesis de graduación de los universitarios del país permanezcan custodiadas justo en la misma academia donde se originaron y obtuvieron resultados sobresalientes. Sin embargo, el empeño de actualizar nuestro modelo de socialismo requiere desempolvarlas, pues el camino emprendido demanda, entre otras urgencias, deshacernos de voluntarismos e improvisaciones, por lo cual se necesita de ciencia, conocimiento y tecnología.

Buena parte de esas interesantes propuestas en que devienen los ejercicios de culminación de estudios «desfilan» en los estantes sin ser vistas nunca más, luego de tanta dedicación, esfuerzo e indagación, con lo cual se priva a importantes instituciones de su energía transformadora.

Pasar por esa etapa de la vida universitaria es un proceso que pone a prueba no solo al estudiante como tal, sino como persona con un compromiso social; y para un gran número de alumnos, la elaboración de la tesis de grado representa el mayor desvelo de toda la carrera para conseguir, después de meses de trabajo y estrés, un proyecto serio, completo y novedoso, que la mayoría de las veces solo llegan a conocer los autores y sus evaluadores.

Ese no ha de ser el fin de la investigación, sino que sus resultados deben trascender los muros universitarios y recalar sobre todo en aquellas entidades en las que se focalizaron las indagaciones y donde se pueden implementar. Cierto es que muchas constituyen solo un punto de partida, dada la juventud de quienes están detrás de ellas, pero no pocos de los mencionados estudios tienen un importante impacto desde el punto de vista social y económico, ya sea para elevar la eficiencia y los niveles de enseñanza, sustituir importaciones o satisfacer los procesos productivos y de servicios, entre otros beneficios.

Puede que ese análisis, que parte siempre de una muestra y de lugares determinados, contribuya a aprovechar mejor las energías renovables, a crear un software educativo o un videojuego, o tal vez ayude al manejo de los recursos hidráulicos o a la producción de equipos de tecnología avanzada…

Cuando se propone un tema de investigación es porque existe una necesidad de información o se necesita saber algo para que marche mejor. Además, ante el carácter sistémico de muchos de nuestros problemas, no pocas veces lo que se indagó en un lugar específico también puede servir a otros.

No faltarán quienes argumenten sobre el interés del estudiante que realizó el trabajo de diploma para que este se aplique, y ello también es una verdad sabida. Los autores de los proyectos no siempre se sienten responsables para hacer transitar sus investigaciones más allá de la Universidad. No en balde la historia de la ciencia está llena de olvidos y menosprecios que fueron superados únicamente por la persistencia y la voluntad.

Las tesis no solo deben verse como requisitos de grado, sino como el primer paso para un largo camino académico y profesional, además de como herramienta útil para contribuir al impulso y al desarrollo de un país, sobre todo si va camino a su actualización.

Una interesante iniciativa en este sentido fue el Primer Encuentro de Socialización de Investigaciones, de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, en el cual se reunieron decenas de investigadores de varias provincias que intercambiaron sobre sus propuestas de culminación de grado, algo que debía extenderse como paso inicial para recuperar la capacidad transformadora de esas tesis.

Cuba demanda de una Universidad imbricada y comprometida con el propósito manifiesto de hacer de la nuestra una sociedad próspera y sustentable, intención recogida en el Lineamiento 152 de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, que orienta actualizar los programas de formación e investigación en función de las necesidades del desarrollo económico y social del país y de las nuevas tecnologías.

Como reclama la vocación martiana, se ha de «poner la ciencia en lengua diaria». Habrá que alejarla, pues, de esa ruta de «embarque» que le anuncia como último puerto las gavetas y el peligro de sus glotonas polillas.

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