A otro con esa cuenta

Autor:

Yailin Orta Rivera

Las maneras en que se moldea un país suele tener sus ríos más profundos en casa, ese espacio entrañable donde cualquier nueva dimensión de la vida prefigura rostros, expresiones y comportamientos humanos que pueden ser síntesis de los sociales.

Justo en ese escenario, desde el que también se teje la biografía de una nación, y avivados por el anuncio del incremento salarial para más de 440 000 trabajadores del sector de la Salud, sostuvimos un encendido diálogo.

En mi hogar varios llevan bata blanca y han aportado durante años al altruismo internacionalista, así que ninguno puso en duda las bendiciones de una medida como esta, anclada en la sensibilidad y respeto hacia ese sector símbolo de la Revolución.

Para todos en casa este es un aumento salarial significativo, solo que unos lo contaban en CUC y otros en CUP, quizá porque la dualidad monetaria arrastra consigo también una dualidad de vidas, y por tanto de puntos de vista.

Y como de puntos de vista se trata, de esta última no se puede perder —a riesgo de que algunos no lo entiendan— que en Cuba las cuentas tienen que sacarse de otra manera, aunque cueste caro llenar las jabitas en las tarimas y anaqueles.

Los alcances de nuestros gastos personales o de la seguridad social no tienen paralelos con los diseños de otros países; de hecho, hasta las ráfagas de la crisis económica y financiera internacional llegan mitigadas sobre nosotros, aunque años de más amplias y diversas garantías y derechos sociales nos nublen visualizarlo.

El proyecto de la Revolución edificó un nuevo pacto social, fundado en la mayor y más sistemática redistribución de la riqueza y la justicia, en la apertura de oportunidades y en el desarrollo de una cultura diferente, que no es posible medir con los rangos de la dualidad monetaria.

Estos mismos puntales que han legitimado nuestro proyecto tienen un entramado de acciones que trascienden al asunto salarial, y que han favorecido que esta Isla sea, no solo para nosotros, también para muchos desfavorecidos de este mundo, la alternativa a otra forma de vivir.

Por ello las cuentas no pueden simplificarse, porque en la cotidianidad nuestra no se le cobra ni un céntimo a la familia cuando se opera a un niño, o cuando cualquiera de nuestros seres más queridos precisa de una transfusión, o porque para mi propio hermano neonatólogo no constituye un conflicto cómo solventar, ni con los de hoy ni con los nuevos dividendos que tendrá, los estudios de su hija, que por cierto, también aspira a ser médico.

Los hilos del debate familiar nos situaron en los parajes de no pocas geografías de extrema pobreza, en las que son tan grandes los sueldos de sus médicos, como la insensibilidad para prestar sus servicios al prójimo, sobre todo cuando no cuenta el dinero de por medio.

Contrastes que ha palpado nuestro propio personal de la Salud cuando ha llegado allí donde no van aquellos. ¿Será porque este asunto trasciende los salarios?

Otro de los ángulos de esta medida que no pasamos por alto entre mis allegados es en que con ella se revitaliza la importancia de que el salario estimule, dignifique y compense el esfuerzo cotidiano y la excepcionalidad; así como que los empeños renovadores de la actualización del modelo económico y social comiencen a restituir la famosa pirámide, dorada en el horno de los 90.

Luego de aquella charla familiar descubrí en Internet que otros desde fuera, o sirviendo a quienes descalifican todo lo que venga de Cuba, intentaban disminuir la magnitud de la decisión del Estado de recompensar el valor de los integrantes de su sistema de Salud.

Tal vez pretenden opacar que la determinación encuentra su fundamento económico en los aportes que proporcionan los servicios médicos en el exterior, que han cambiado la concepción de nuestro Producto Interno Bruto. La cifra de ingresos para 2014 prevista por la exportación de servicios de salud es de más de 8 200 millones de CUC.

Lo que esgrimen se sustenta en las cargas ideológicas que solo han nutrido la prosperidad desalmada, al estilo de quien solo calcula su bienestar en el monto de las monedas.

Cuba y su modelo le plantean nuevas exigencias al análisis, para no ceñirlo a la vieja regla egoísta del tener —aunque nos estemos reconciliando con la idea de que no se puede renunciar a tener.

Tampoco se puede eludir que el socialismo nuestro tiene que seguir saldando sus propias cuentas, radicalizando y transformando sus proyectos, con gran claridad, audacia y compromiso con los tiempos pasados, presente y futuro.

Para lograrlo, será determinante enfrentar escollos y condicionantes desfavorables desde el pensamiento y la actuación, aprovechar los logros, el camino desandado, las potencialidades, las reservas… para que podamos volver sobre el tema del aumento salarial, pero siendo otros los estimulados en casa, y para que empiecen a coincidir todas las cuentas.

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