Buenas inversiones y «escépticas» versiones

Autor:

Yoerky Sánchez Cuéllar

Cualquier medida que impulse el bienestar de los cubanos encuentra el rechazo inmediato de los pregoneros de una política enfocada a favorecer los intereses foráneos por encima de los asuntos nacionales.

Luego de que la Asamblea Nacional del Poder Popular aprobara en sesión extraordinaria la Ley de inversión extranjera, algunos medios internacionales, que contra la Isla mantienen un asedio continuo, ven «con escepticismo y sin mucha novedad» la propuesta que examinaron los diputados.

Quienes intentan alejar a nuestro país de los flujos del mercado internacional lanzan una matriz de opinión contraria al espíritu de esta norma jurídica, con el objetivo de desvirtuarla.

Una de las causas del «escepticismo» mediático guarda relación con el hecho de que la legislación prohíbe a los inversionistas extranjeros contratar directamente a los trabajadores, función que le corresponderá a entidades empleadoras nacionales.

Sin embargo, esa opción resulta una medida que protege a nuestros recursos humanos, considerados la riqueza más importante del país, y no les resta garantías a los inversionistas, todo lo contrario. Quién mejor que nosotros mismos para seleccionar el personal de trabajo, teniendo en cuenta requisitos que tributarán a una mejor solvencia y satisfacción para todas las partes. De ahí la necesidad expuesta por los diputados de que las agencias empleadoras cumplan su encargo de manera transparente, sin cometer errores de procedimiento o favoritismos.

Otros de los aspectos atacados por los medios resulta la decisión de priorizar 11 sectores en la cartera inversionista, entre los que se encuentran la agricultura, la biotecnología, la construcción, el turismo, entre otros de vital interés. «¿Por qué tiene que ser una política dirigida?», se cuestionan.

Ello responde a un principio adoptado desde la aprobación de los Lineamientos por el VI Congreso del Partido, en abril de 2011, de que en la actualización de nuestro modelo económico regirá la planificación y no el mercado. Cuba necesita que se invierta en aquellas ramas vitales de su economía para que en un tiempo más cercano puedan verse los beneficios.

Esta decisión no impide que si aparecen propuestas novedosas y alentadoras en otras áreas, también se tengan en cuenta. Se aprobarán los proyectos caso a caso, pues el orden y el cumplimiento en tiempo y forma de lo pactado garantizarán mayor confianza y credibilidad. Las fórmulas ciegas del mercado, que en algunos países condujeron a entregar hasta los cementerios a empresas extranjeras, ensalzando la filosofía del «Estado mínimo», no tienen cabida en la concepción del socialismo cubano. La Ley de inversión extranjera acelera la búsqueda de prosperidad para el bien de la nación, que en ningún momento se pone en venta, y lo hace bajo la premisa socialista.

Los escépticos también enfilan sus cañones a la batalla que lleva nuestro Gobierno contra la corrupción. Según ellos, el enfrentamiento a este flagelo se convierte en «freno» para los inversionistas, que verían limitada su gestión en el territorio nacional.

Los que inviertan en Cuba contarán con un grupo de facilidades como son la debida seguridad jurídica, la no expropiación, excepto por razones excepcionales de interés social o utilidad pública, previamente aprobados por el Consejo de Estado y con la debida indemnización. Tendrán también a su favor la libre transferencia al exterior de sus dividendos y beneficios, poder vender en cualquier momento su parte en la asociación, distintas exenciones tributarias, entre otras bondades.

La Ley contempla un acápite dedicado al control, en el que se define con total claridad que las acciones en este sentido evaluarán el cumplimiento de las disposiciones legales vigentes y las condiciones aprobadas para la constitución o aprobación de cada negocio.

Pero carecen de razón quienes afirman que estas medidas, ausentes en la anterior legislación y hoy muy necesarias, alejan a los inversores. Su aplicación resultará, sin dudas, ventajosa para ellos, porque generarán un clima de confianza y respeto propicio para las relaciones que se establezcan.

Y mientras esos medios continúan exacerbando su desconfianza, con versiones escépticas y carentes de fundamento, los cubanos esperamos esas buenas inversiones, seguros de que serán un complemento para el desarrollo de la economía y harán cada vez más próspero y sostenible nuestro socialismo.

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