No hay peor ciego que quien no quiere ver

Autor:

Rengifo López

Todavía deambulan por ahí los bufones del capitalismo respirando humos febriles de cambio al libre albedrío, alegando el envejecimiento del marxismo-leninismo y hasta profetizando su fin.

Un cubano ejemplar, como lo fue Francisco Wilfredo Calderío (Blas Roca), dio respuesta a todo esto hace 71 años en medio de una campaña anticomunista y antisoviética en el centro de la Segunda Guerra Mundial, pero con una ingente labor de preparación ideopolítica para consolidar la unidad en las narices de Batista. Su magna obra fue Los fundamentos del socialismo en Cuba, texto que ofrece respuesta, para toda la laya ilusionada: «Todos los intentos de resolver los problemas creados por el sistema mundial capitalista en la sociedad contemporánea guiándose por otra teoría que no sea el marxismo-leninismo han terminado en el fracaso».

Con estas palabras, ya desde entonces, Blas Roca exponía la decadencia capitalista y la irrefutabilidad de la teoría científica de Marx, Engels y Lenin para lograr una interpretación acertada de los fenómenos del mundo y aportar a la transformación cualitativa de ello.

La misma apropiación que hiciera el compañero Blas del marxismo-leninismo sigue explicando hoy cada uno de los pasos cubanos para mejorar la calidad de vida de los nacionales. Cada uno de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, aprobados en el VI Congreso del PCC, revela la defensa de los intereses populares desde el humanismo y por la emancipación constante. Por eso, no existen humos que enturbien la concepción de cambio cualitativo.

Desde 1959, el socialismo cubano ha implementado transformaciones que son las que resumen y concentran la ideología de la clase obrera. Dificultades y obstáculos han existido, como en todo proceso que se desarrolla con dinamismo. El período especial en tiempos de paz y la presente actualización del modelo económico, califican en su análisis desde las leyes de la dialéctica materialista y ratifican la sentencia de ese hijo insigne de esta nación: «El camino para la instauración del socialismo en nuestro país, no es fácil».

Y es que la vida del revolucionario cubano ha estado colmada de batallas contra espurios métodos de gobernantes enemigos de la democracia, que no entienden nuestro derecho a transitar hacia un sistema socioeconómico superior. Si el socialismo cubano ha demostrado resultados en lo político y lo sociocultural, ha sido por la actualidad sin esquemas preconcebidos de esa experiencia universal que es el marxismo-leninismo. Junto al pensamiento martiano, sigue siendo este para la clase obrera la solución cubana ante los males heredados o no de la sociedad capitalista. Bien dicho en criollo, no hay peor ciego que quien no quiere ver…

Hace 27 años (25 de abril de 1987) perdimos la huella física de ese paradigma de consagración a la gloriosa causa del comunismo que es Blas Roca. Pero al escuchar a los revisionistas escondidos en el regazo del imperialismo, estamos seguros de que reiría orgulloso de este país que se recupera de toda adversidad y que es cumplidor de su definición:

«Un pueblo consciente que sabe por lo que lucha, que ha aprendido a reconocer a su enemigo bajo cualquier disfraz, que se convence profundamente de la seguridad de su triunfo, es un pueblo capacitado para salir airoso de todas las pruebas, para soportar todos los sacrificios y privaciones, para hacer todos los heroísmos».

Este Primero de Mayo lo reafirmaremos…

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