Un pueblo que engendra héroes

Autor:

Yoerky Sánchez Cuéllar

Recientemente, en un intercambio con diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular, el General de Ejército Raúl Castro expresó que algún día habrá que poner en el pecho de cada cubano la medalla de Héroe de la Revolución.

Al igual que lo hicieron Gerardo, Ramón, Antonio, Fernando y René, muchos patriotas han estado dispuestos a darlo todo por defender la libertad conquistada y el futuro de los más pequeños. Pero ese espíritu heroico no solo se manifiesta en las grandes proezas; sobresale también en las acciones cotidianas.

La historia de estos últimos 55 años constituye una laudable prueba de esa resistencia. Desde el primer momento, quienes vieron en la Isla rebelde y barbuda un peligro para sus intereses imperiales, trataron por todos los medios de destruirla. Y ante el fracaso de la vía militar, acudieron a las operaciones encubiertas, el desgaste sistemático, las operaciones terroristas, con un objetivo claro: provocar la caída del Gobierno Revolucionario.

Quien revise el informe del Secretario de Estado asistente norteamericano Lester Mallory, redactado en abril de 1960, encontrará los métodos que Estados Unidos manejaba para alcanzar ese fin. Al reconocer que la mayoría en la Isla apoyaba a Fidel, enfocaban sus objetivos en provocar «el desengaño y el desaliento mediante la insatisfacción económica y la penuria».

Pensaban que negándole a Cuba dinero y suministros con el fin de reducir los salarios nominales y reales alcanzarían la desesperación y una revuelta interna que justificara la intervención directa. Ahí radica la génesis del bloqueo económico impuesto dos años más tarde y que ha provocado daños por más de un billón de dólares a nuestra economía.

El plan les ha fallado, pues sus cálculos obviaron un factor esencial: la voluntad de una nación soberana de defender, a toda costa, su independencia.

Hace 25 años, durante la celebración del 26 de Julio en Camagüey, Fidel fijó cuál sería la postura de la Isla ante un hecho que luego estremeció al mundo. Fue allí donde vaticinó que «si mañana o cualquier día nos despertáramos con la noticia de que se ha creado una gran contienda civil en la URSS, o, incluso,  nos despertáramos con la noticia de que la URSS se desintegró, cosa que esperamos que no ocurra jamás, ¡aun en esas circunstancias Cuba y la Revolución Cubana seguirían luchando y seguirían resistiendo!».

Con el colapso del socialismo en la Unión Soviética y los países de Europa del Este, la nación perdió más del 85 por ciento de su comercio. En solo tres años cayó el 35 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), sobrevino un inmenso déficit presupuestario, además del exceso de circulante. Perdimos nuestro principal mercado y al amigo que nos tendió la mano cuando el cerco imperial nos asfixiaba.

El Estado socialista adoptó medidas muy complejas para enfrentar la tragedia. Pero las decisiones estuvieron presididas por el objetivo de evitar hasta donde fuese posible mayores sufrimientos a la población y a sus sectores más vulnerables. De esa forma, en medio de la tempestad, el presupuesto para la seguridad social creció un 33 por ciento  entre 1989 y 1993 y el de la Salud pública se elevó en un diez por ciento entre 1987 y 1992. A pesar de las graves afectaciones económicas, nadie quedó abandonado a su suerte.

El impacto del derrumbe constituyó otro bloqueo para la nación y generó una fuerte crisis. Y mientras algunos contaban las horas para disfrutar la caída del «régimen de La Habana», el pueblo, con sus principales líderes al frente, se aferró a salvar sus conquistas esenciales.

Frente a quienes aconsejaban un regreso al pasado capitalista, porque según ellos la historia había llegado a su fin, Cuba hizo realidad el milagro de la sobrevivencia hasta arribar a esta hora con la frente en alto, hecho que constituye la prueba más exacta de su estirpe heroica. Se cumplían así, una vez más, las profecías de Fidel.

Han pasado varios años de aquellos sucesos. Hoy, cuando la patria socialista advierte nuevos horizontes se precisa el empuje individual y colectivo para el logro de una mayor prosperidad. Existe un futuro que conquistar, con las manos y la inteligencia. Si hemos llegado hasta aquí, en una travesía llena de obstáculos y agresiones, nada impedirá que salgamos victoriosos nuevamente, con la probada estirpe de un pueblo que sigue engendrando héroes.

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