Hacia una cultura de la participación

Autor:

Fernando León Jacomino

La experiencia del proyecto Cuba en mi mochila, auspiciado por el Movimiento Juvenil Martiano y la Unión de Jóvenes Comunistas, propició en los centros visitados un intercambio muy interesante, que evidencia la necesidad que hay en todo el país, sobre todo en el ámbito estudiantil, de este tipo de diálogo.

Se demuestra que no hay una cultura del debate, a lo cual solo se puede arribar si se realizan con frecuencia estos intercambios, estimulando que se movilice la participación de los estudiantes, de todos los implicados en las actividades y se genere una cultura de la participación colectiva.

Este no es un problema que se reduce a la enseñanza y que deberíamos trabajar a nivel de todo el país, pero en el caso de los centros de enseñanza hemos constatado que es muy necesario.

Pese a que el proyecto se proponía visitar un centro estudiantil, un centro laboral y una comunidad, me refiero con mayor énfasis a los centros de enseñanza visitados, porque no pudimos examinar realmente el resto de los ámbitos como lo hicimos con el estudiantil.

En los centros de trabajo por lo general nos reunimos con el comité de base o con el consejo de dirección de los centros, de manera que no pudimos constatar la dinámica en muchos colectivos que estén directamente relacionados con la producción.

Cuando lo hicimos fueron auditorios pequeños que no ofrecen la medida de la masa laboral. En las comunidades el diálogo tenía otro matiz, pues generalmente había muchos niños, o en general muchas personas, que dificultan la organización de un debate sobre el tema propuesto en el escaso tiempo de que disponíamos.

Por lo tanto, me parece que el mayor reto del evento fue llegar a centros estudiantiles donde se evidencian problemas tan complejos como la composición racial de los auditorios, de las aulas, predominantemente blanca. También se hace palpable que hay pocos varones y pocos hijos de obreros y campesinos dentro del alumnado de los preuniversitarios visitados.

Sugiero que lo anteriormente planteado sea un tema prioritario para nuestros investigadores, porque son muy importantes las condiciones de partida de la familia para llegar al preuniversitario. No soy quien para incidir en los especialistas de los centros y las problemáticas a abordar, pero sí me doy cuenta de que es un problema que puede ser muy significativo para la sociedad y que deberíamos tratar de transformar de alguna manera.

Durante la primera década de este siglo, aquel ejército de jóvenes sin vínculo laboral ni estudiantil que logró reinsertarse y que logró estudiar en la Universidad, así como los Cursos de Superación Integral para Jóvenes, permitieron transformar la estructura de acceso a los estudios medios y superiores. Pero es evidente que ya muchos de esos jóvenes están en la vida profesional o en la vida universitaria.

Otra cosa que apreciamos en los diferentes lugares visitados es que mucha gente cita a Martí, pero poca gente lo ha leído, no ya los grandes discursos, no ya las obras más complejas, sino simplemente La Edad de Oro, las poesías. Muchas personas repiten una frase, un verso, pero no se han leído el contexto de donde salen esa frase o esos versos, y eso es muy lamentable porque están hablando de alguien a quien no conocen. Simplemente están repitiendo mecánicamente lo que escucharon de alguien que quizá lo razonó y sabe de dónde proviene, o quizá tampoco lo ha razonado; así no debería ser con ninguna idea, pero mucho menos con las ideas de Martí.

*Crítico teatral y productor artístico.

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