Tocar los amaneceres

Autor:

Roberto Díaz Martorell

El escritor y teólogo inglés William George Ward (1812-1882) tenía toda la razón cuando dijo que las oportunidades son como los amaneceres: si uno espera demasiado, se los pierde, y sería realmente lamentable descuidar un regalo así.

Sin embargo, existen otros «amaneceres» al alcance de la mano que también constituyen dádivas naturales y precisan de reacciones creativas y urgentes, de esas que muchos llaman protagonismo como si esa palabra, por sí sola, lograra transformar la realidad.

Según la definición de ese vocablo que ofrece el Diccionario de la Lengua Española, el protagonismo se vincula además al afán de mostrarse como personas necesarias para determinadas actividades, ¿y quién mejor que todos los compatriotas, especialmente los jóvenes, para asumir ese rol en las oportunidades que ofrece la actualización de nuestro modelo económico?

¿Cómo se pueden lograr impactos positivos entonces desde la creatividad y el protagonismo? Fue esa la «bujía» de un reciente debate entre jóvenes del sector agropecuario quienes, a pesar de que pueden mostrar un quehacer, aún su participación no se produce de manera espontánea.

En el caso particular de Isla de la Juventud, cuya historia está preñada de testimonios que avalan la proactividad como actitud, es imperdonable que aún cierto grupo de jóvenes sientan que cumplen su deber cuando solamente están haciendo lo que planifica su organización productiva.

No se me ocurre pensar en alguna oportunidad más idónea para que aprovechen todos los escenarios a su alcance que la existencia en este Municipio Especial de un Programa de Desarrollo Integral (2012-2020) con plataforma en los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, cuyo éxito dependerá de cómo y cuándo se involucren en ese proceso todas las manos, así como el estímulo que reciban los individuos a partir de las modificaciones que se practican al entramado productivo del país.

Por esa y otras razones coincido con Stephen R. Covey, autor del libro Los siete hábitos de la gente altamente efectiva, cuando sentencia que las personas con prácticas de efectividad son piedra angular en los procesos, y que se identifican por la proactividad, que significa tomar la iniciativa, adelantarse y buscar soluciones a problemas, en lugar de esperar a que le indiquen la tarea y reaccionar.

La Isla de la Juventud y el país necesitan de personas proactivas, emprendedoras, que adapten su manera de hacer a las condiciones del entorno, perseverantes, con mente abierta al cambio y capaces de crear oportunidades.

Solo así llegaremos a comprender y practicar el pensamiento del Che relacionado con la economía, la eficiencia y su humanismo, que es, como reclamó en el debate la joven jurista Irina Merino, «premisa imprescindible para cumplir nuestra responsabilidad con el futuro», dijo.

Tomar la iniciativa significa, además, reconocer la responsabilidad de hacer que las cosas sucedan. Recordemos que la proactividad es parte de la naturaleza humana y es urgente promover esa actitud adormecida en algunas personas.

La recomendación se desprende sola. Empiece hoy mismo poniendo en la mente el fin de mejorar su producción o servicio, apresure sus pasos en esa dirección y no se quede en la rutina diaria, porque está demostrado —y la historia de Cuba es un ejemplo vivo de ello— que es posible estar atareado y al mismo tiempo ser muy efectivo. Este es el momento: si no tiene la oportunidad, créela.

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