Sostén moral de Cuba

Autor:

Gustavo Robreño Dolz

El fecundo diálogo de generaciones que de diversas formas tiene lugar a lo largo y ancho de nuestro país ha servido, entre otras cosas, para evidenciar que las ideas imperecederas de José Martí siguen siendo la columna vertebral del pensamiento nacional, como lo fueron ayer y, según se aprecia, así se mantendrán.

No resulta arriesgado afirmar, por tanto, que el pensamiento y la obra martianos constituyen la brújula y sostén moral de esta Patria cubana que tiene en el Apóstol a su hijo más universal, relevante e integral a lo largo de todos los tiempos, aun antes y después de la formación de la nacionalidad cubana, en el largo y azaroso proceso donde no pocos grandes hombres han tenido el privilegio de producir esta isla pequeña por su tamaño, pero extraordinaria por sus hazañas.

Fidel lo proclamó sin vacilación como «el autor intelectual» del asalto al Cuartel Moncada durante su autodefensa en el memorable juicio y esa autoría puede extenderse a toda la lucha insurreccional contra la tiranía batistiana en las montañas y en los llanos que nos condujo al triunfo revolucionario. Inspirados en las ideas y seguidores de su ejemplo cayeron nuestros héroes y mártires a lo largo de aquella dura contienda y posteriormente en la defensa patriótica e internacionalista de nuestra Revolución durante más de medio siglo.

Siguiendo la línea invariable de continuidad y fidelidad al pensamiento martiano la Primera Conferencia Nacional del Partido —en enero de 2012— orientó y recogió entre sus acuerdos «profundizar en el legado ético, humanista y antimperialista del pensamiento y obra de José Martí como fundamento esencial de la práctica revolucionaria».

No es casual que los enemigos de Cuba y su Revolución —que son los mismos enemigos de Martí— trataran de sembrar de manera aviesa y mal intencionada la mayor confusión y tergiversación acerca del ideario martiano para intentar incorporarlo a sus pérfidos propósitos contrarrevolucionarios.

El pueblo cubano, sin embargo, los hizo fracasar bochornosamente en el vil empeño. La Revolución Cubana mostró al mundo, no solo en palabras sino en sus hechos y en sus obras, que es la heredera legítima de las ideas de José Martí y la continuadora irreductible de su pensamiento, tal como ha ratificado la práctica revolucionaria día tras día, hasta hoy y mirando hacia el futuro.

En la apertura de la recién celebrada V Asamblea Nacional de Socios de la Sociedad Cultural José Martí, el compañero Armando Hart dijo palabras muy precisas en este sentido: «En Cuba ha existido siempre muy arraigado un sentimiento y una vocación de universalidad. Nosotros no hemos tenido nunca un sentimiento de fronteras estrechas. Partimos de una tradición que se sustentaba en el principio de que en Cuba para ser marxista consecuente había que ser martiano, articulando creadoramente el pensamiento de Marx, Engels y Lenin con el de José Martí. De ahí que nuestro Partido se defina como marxista, leninista y martiano».

En nuestro país resulta un hecho visible que las nuevas generaciones educadas por la Revolución siguen fieles al legado martiano y en las nuevas condiciones históricas de Cuba, de América y del mundo lo consideran como fuente fundamental de inspiración y ejemplo; continuará siendo brújula y sostén moral de la nación.

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