Papichulo entró en la Real Academia

Autor:

Juana Carrasco Martín

Nuestra lengua se actualiza y da no pocas sorpresas, si lo comparamos con la reticencia a los nuevos vocablos que imperó durante muchísimo tiempo. Luego de 13 años sin reeditarse, el nuevo Diccionario de la Real Academia, que ahora es presentado por la Asociación de Academias de la Lengua (Asale), sí que llega «corregido y aumentado» con el reconocimiento de 19 000 americanismos.

Ello se corresponde con la voz y voto de las 22 academias del idioma que convergen desde tres continentes, donde los hispanoparlantes superamos con creces a los habitantes de la autodenominada «Madre Patria» (el 90 por ciento vivimos en las Américas).

Más allá de los vocablos impuestos por las nuevas tecnologías, fundamentalmente de las comunicaciones y la informática, como son bíper o Wi-fi, o aquellos que las aventuras imperiales han dado a conocer con su carga bélica, de espionaje o discriminatoria —por ejemplo dron y burka—, hay palabras que simplemente nos hubieran parecido imposible que lograran ocupar un lugarcito en lo «oficial», aunque fueran de uso cotidiano en uno u otro de nuestros países.

Y así, sin temor a ruborizarme o considerarme inelegante, ahora puedo decir: «Te presento a mi papichulo» o «Él es mi amigovio», porque ambos términos están inscritos en las 2 312 páginas de la 23 edición, la cual está celebrando el tricentenario de la Real Academia Española. Ya es inútil que el programa Word me las subraye en rojo. Si se actualiza también el Windows, no tendré que darle clic a su «Agregar al diccionario».

Según la agencia AP, que realizó una indagatoria entre algunos de los presidentes y presidentas de las Academias de la Lengua en los países de nuestro continente, prácticamente todos se congratulaban del cambio de actitud —lento sí, pero cambio al fin y al cabo— y Nancy Morejón Hernández, directora de la Academia Cubana de la Lengua, dijo que el Diccionario representa «un feliz acontecimiento para la enorme comunidad hispanoparlante».

Con «letra y espíritu», como está grabado en la medalla pectoral que identifica a los miembros de número de nuestra Academia Cubana de la Lengua, se va estableciendo la conexión necesaria de las voces y expresiones que se desarrollan en una lengua viva, rica y en expansión, y el compromiso permanente es salvaguardarla en Cuba.

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