La nación se abraza a sus héroes

Autor:

Margarita Barrios

Hacía rato que no veía a Elián. Los muchachos crecen rápido, y él no ha sido una excepción. El encuentro, por uno de los pasillos del Palacio de Convenciones, fue casual, y cuando le dije «Elián, cómo has crecido», su sonrisa tímida y el beso rápido en la mejilla me hizo recordar otros tiempos, cuando tuve que llegar casi hasta el suelo para recibir su saludo, temeroso y dulce.

Fueron aquellos tiempos duros de trabajo intenso, cuando no había un cubano que no sufriera por aquel niño indefenso, allá lejos, lleno de lujos y falto de amor. Todos entendíamos a su padre, Juan Miguel, lo admirábamos, lo sentíamos parte de nuestra familia.

Nunca olvidaré aquel día en que, a través del televisor, lo vi descender sostenido por los brazos de su padre por la escalerilla del avión. Mis vecinos de entonces gritaban de ventana a ventana, se sentía un bullicio en la calle. Los cubanos, felices, celebrábamos el regreso del niño que habíamos convertido en sentido de nuestra lucha.

Con los Cinco fue un poco diferente. La batalla por su regreso duró años, y el triunfo de la justicia nos llegó poco a poco. Verlos juntos es la imagen perfecta, porque son las cinco puntas de nuestra estrella solitaria.

Están aquí, prestos a nuevas batallas junto a su pueblo de donde nunca se fueron. Ahora, como con el regreso del niño Elián, cada cubano los siente parte de su vida, de su andar cotidiano. Ha llegado el hermano, el hijo, el nieto que estaba distante y que compartirá con nosotros las próximas batallas por seguir edificando esa sociedad más justa que todos ansiamos.

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