Ascenso

Autor:

Amaury Hechavarría Nistal

En la mañana del 14 de abril de 1895, guiados por José de Jesús Leyva, los expedicionarios del vapor Nordstrand, Máximo Gómez, José Martí, Francisco Borrero, Ángel Guerra, César Salas y Marcos del Rosario, abandonan su campamento de dos días, en la cueva «del Templo».

Avanzan por el río Tacre, donde las aguas les llegan a la cintura. Luego a subir el Yayal, a «zapato nuevo», bien cargados, la altísima loma. «Loma arriba». «Subir lomas hermana hombres».

«La marcha es terriblemente fatigosa —recuerda Gómez— y cargados como vamos todos, caminamos a puros esfuerzos. Nos admiramos, los viejos guerreros acostumbrados a estas rudezas, de la resistencia de Martí —que nos acompaña sin flojera de ninguna especie, por estas escarpadísimas montañas».

Los miembros de la primera expedición Ruta de Cuba vamos cresteando las alturas, por fincas de café y caminos amarillos de tanto mango que gotea de los árboles. Al Sao del Najesial «lindo rincón, claro en el monte». Hay, ahora, un caney para actividades culturales, una casa del médico de familia, un consultorio y una escuelita.

Cerca de un pequeño arroyo se encuentra el único árbol de Najesial, de aquellos que una vez dieron nombre a esta zona. Rosibel busca la cámara para tirar una foto. Nany recoge semillas por el suelo. «Las semillas del Najesial se tuestan, se saca el aceite y es buenísimo para el pelo» —me dice. Alejandro come mangos. «Creo que he pasado mi dosis», comenta.

¡De pronto hombres! Los seis fusiles listos. ¡Alto quién va! Hermanos. El comandante Félix Ruenes con diez de sus soldados. La guerrilla mambisa en auxilio de la expedición. Se levanta el campamento. Disputas por la carga. Loma abajo, hacia el Rancho de Tavera.

Seguimos. El arroyo de Carlos está crecido y ocupa todo el cauce del camino. Se avanza con pies mojados. A la izquierda aparece un farallón con una cueva. A la derecha, en un alto, la representación del «rancho de yaguas» de Miguel Aguirre (Tavera).

Entran los expedicionarios al campamento. La guerrilla formada. Vestidos desiguales, de camiseta algunos, camisa y pantalón unos, chamarreta y calzón crudo otros. Ruenes hace las presentaciones. Habla Gómez y luego Martí. Desfile, alegría, cocina, grupos. Concluye el día mambí de 12 kilómetros por montañas largas y empinadísimas. Y en todo el día, «¡qué luz, qué aire, qué lleno el pecho, qué ligero el cuerpo angustiado!».

Nuestra noche, en la comunidad de Arroyo de Carlos, en la casa de Daniel Mosqueda y su esposa Esther. Se monta el dominó. Dominó hasta oscuridad de aviso y parada. Cinco minutos más de luz antes que el grupo electrógeno se apague definitivamente.

El 15 de abril de 1895 los expedicionarios amanecen en el rancho de Tavera. Se despachan comunicaciones y órdenes para distintos puntos. Entrada la tarde se forma la guerrilla. Gómez sale con Paquito, Guerra y Ruenes. «¿Nos permite a los tres solos?» —le dicen a Martí y se apartan hacia el arroyo. Martí se resigna «mohíno». «¿Será algún peligro?».

Rosibel saca la cámara y hace fotos al Rancho. Alejandro se sienta en la hierba, busca el libro El vía crucis del Apóstol y lee los resultados de la expedición del centenario. Nany copia de una tarja un fragmento del diario de Martí.

A poco sube Guerra llamando a Martí y al capitán Cardoso. Gómez, al pie del monte, en la vereda sombreada de plátanos, bello y enternecido, le dice a Martí que él como General en Jefe y en acuerdo de consejo de jefes, en atención a sus servicios y a la opinión unánime que lo rodea, lo nombra Mayor General del Ejército Libertador. «¡De un abrazo —recordaría Martí— igualaban mi pobre vida a la de sus diez años!».

Nuestra expedición continúa. Atrás queda el Rancho de Tavera y su hermosa historia, el sitio escondido de la geografía cubana donde un puñado de mambises, comandados por su General en Jefe, nombran a nuestro Martí Mayor General del Ejército Libertador.

*Miembro del Club martiano Ruta de Cuba

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